A propósito del nuevo film; “Mika, mi Guerra de España”


Hace casi un año, desde este mismo blog nos entusiasmabamos con la inminencia de la llegada de Mika, la argentina y única mujer capitana de una milica durante la Guerra Civil Española, a la pantalla grande. Tras una linda tarde de cine, nobleza obliga; acá va un paneo del film y algunos comentarios sobre “Mika, mi Guerra de España”…

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Con simpatías por el anarquismo, Mika Feldman, nacida en Santa Fe, empieza sus pasos militantes en una Universidad de Buenos Aires convulsionada tras la Reforma del 19. Allí conoce a quien sería su compañero de toda la vida; Hipolito Etchebéhère. Se curten al calor de la “Semana trágica”, y fundan el grupo universitario “Insurrexit”, que comparten junto a Alfonsina Storni y José Ingenieros, entre otros.
La fiereza de la Revolución Rusa lleva a Mika y a Hipólito a abrazar las ideas del marxismo. Ingresan al PC argentino que -en creciente proceso de estalinización- no sería capaz de domar sus espíritus libertarios. Son expulsados.
Una estadía en el sur argentino pone a Mika y a Hipólito en una encrucijada; ¿por qué no vivir una vida tranquila, al lado de estos hermosos lagos, montañas y cielos? Pero no, su convicción podía más que una vida cómoda. La causa colectiva, siempre, siempre, por sobre el cálculo individual, es una de las grandes enseñanzas que deja la vida de Mika, y choca con los valores reinantes para los que crecimos bajo la norma del “sálvese quién pueda”.
Mika e Hipólito cruzan el océano y llegan a Alemania para vivir una de las mayores tragedias del proletariado mundial. Un nazismo que asciende a pasos agigantados, frente a un proletariado que se muerde los labios por darle batalla, pero es encorsetado por la dirección traidora del Partido Comunista dirigido por Stalin. Trotsky planteará en ese momento que se estaba frente al 4 de agosto de la Tercera Internacional, en referencia al mismo día, pero de 1914, donde la socialdemocrácia alemana vota los créditos de guerra, implosionando el potencial revolucionario de la Segunda Internacional. Del ascenso sin lucha de Hitler al poder no habrá vuelta atrás; para Trotsky pasa a ser necesaria una nueva Internacional sobre nuevas bases, la IV.

Luego, nos adentramos en el capítulo más importante de la vida de esta mujer revolucionaria; su estadía en España, donde combate en la Guerra Civil para las filas del jóven POUM. Y en combate perderá a su camarada de toda la vida, Hipólito. Tamaño golpe no la derriba, más bien la hace dar un paso al frente: en el campo de batalla, a los caídos se los llora reemplazándolos en la pelea. La muerte de Hipólito es la trágica antesala para el desarrollo de “Mika, la Capitana”. Única mujer, y para colmo extranjera, al frente de una milicia en la Guerra Civil; de esos permisos que se dio una generación irreverente, que combatía al capitalismo con las armas, y al patriarcado y al machismo con el ejemplo.
“Fue una revolución que nació así, con alegría”, cuenta Mika en la película, en una de sus últimas entrevistas antes de morir en 1992, en París. La alegría la podemos escuchar en los hermosos cantos que dio la Guerra Civil. La tristeza, es la bronca de saber que “la victoria era posible”, pero ese es tema para otra película.
“La crisis histórica de la humanidad se reduce a su dirección revolucionaria”, dice Trotsky en el Programa de Transición. La vida de Mika es un fiel reflejo de esa crisis; su disposición y su entrega total a la causa emancipatoria es el reflejo nítido de la disposición de toda una generación que se levantaba. Pero al poderoso enemigo que es el capitalismo, se le sumó la traición de los epígonos estalinistas, que hablando en nombre de la Revolución Rusa, llevaron al proletariado alemán, francés, español, y del resto del mundo, a la más cruda derrota.

El que haya leído el libro, no puede hacer el ejercicio de querer compararlo con la película, dado que -como está claro- cine y literatura son artes distintos, aunque complementarios. Y los que no lo hayan leído, se van a ir de la sala con las ganas y la necesidad de hacerlo. Esa, es una buena forma de medir el efecto de la obra de estos jóvenes directores que llevaron a Mika a la pantalla grande.
Y la nostalgia que queda flotando en el aire, sólo puede ser superada de una forma; haciéndonos cargo los jóvenes de poner en pié una nueva generación de esclavos insurrectos, que de las ricas experiencias como las de Mika, saquen el jugo de las conclusiones y abran el camino de la victoria, hacia un mundo sin explotados, ni explotadores.
“Si un artillero yerra el blanco no por ello debe menospreciarse la balística, es decir, el álgebra de la artillería. Cuando el ejército del proletariado sufre una derrota o cuando su partido degenera, las causas de estos efectos no hay que achacarlas al marxismo que es el álgebra de la revolución”. Renaceremos, una y mil veces, y seremos la venganza viva de Mika, Hipólito, y todos los camaradas caídos…

Señor lector, señora lectora; llame a un amig@ y convenzal@ de ir al cine a empaparse con esta historia.

 

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