Crónica y reflexiones, tras un almuerzo con Ramón Cortés y l@s obrer@s de la Zona Norte.


Como parte de la campaña por la absolución a los petroleros de Las Heras, este sábado en Pacheco se hizo un asado con Ramón Cortés, petrolero condenado a perpetua. Fue organizado por los compañeros de la gráfica Donnelley y las compañeras de la Comisión de Mujeres de la fábrica. Se acercaron compañeros militantes y simpatizantes de muchas estructuras obreras de la zona: VW, Lear, Fate, Paty, P&G, Kromberg, PrintPack, Kraft, Stani, Pepsico, docentes y de Donnelley.

Después de almorzar, se armó una gran mesa redonda donde en forma muy amena intercambiaban Cortés y los compañeros obreros, contando que el gobierno con su “justicia” al dar cadena perpetua a trabajadores por organizarse se propone amedrentar a la clase obrera para cuando salga a luchar, por eso la importancia de organizarse en los trabajos, motivo por el cual tenemos decenas de compañeros/as procesados. Cortés se sorprendía al escuchar cómo estábamos organizados en Zona Norte, a partir de las conquistas que tenemos y las peleas que venimos dando por unir las filas obreras, contra la burocracia sindical y sobre todo como son cientos los que se están poniendo a la cabeza de la campaña por la absolución de los petroleros, sean agrupaciones sindicales, o directamente comisiones internas.

Las compañeras de la Comisión de Mujeres de Donnelley contaron cómo y por qué vieron la necesidad de organizarse junto a sus compañeros y hermanos, a la vez que Cortés contó lo fundamental del apoyo de las esposas, hermanas e hijas involucrándose en la lucha de los compañeros petroleros, para concluir que sin el rol activo de las mujeres, las luchas no triunfan.

Por último, el Negro Montes -histórico dirigente obrero y ex delegado del Astillero Río Santiago- habló en nombre del PTS. Desde la ruptura con el MAS y su fundación, su tradición de lucha a partir de la pelea que dimos en los 90′ en el Astillero contra las privatizaciones, y que todo lo que hacemos en el movimiento obrero, como construir agrupaciones obreras antiburocráticas y clasistas, está en función de construir un gran partido revolucionario para vencer.

Luego nos pusimos a charlar con un compañero de limpieza de Donnelley, que nos explicaba por qué “Donnelley es de lo más fuerte en Norte”; que están unidos adentro identificando a los burócratas de la Verde, resaltando el método de la asamblea como instancia plena de expresión y decisión de donde vienen de discutir sobre la devaluación en curso y su impacto en el bolsillo de los trabajadores y sobre la solidaridad de clase que defienden como principio, demostrado con el paro de una hora por turno que hicieron por los petroleros, con los cortes en el parque de Pilar y Callao y Corrientes por los despidos en Kromberg. Así se forjó una nutrida camada de compañeros van y ponen el cuerpo, conscientes del giro a derecha del gobierno recordando cuando la Gendarmería y Berni los esperó en los cortes por Kromberg en la Panamericana, sabiendo muy bien que ” si tocan a uno, tocan a todos”.

También charlamos con una compañera de la Comisión de Mujeres de Donnelley, que nos contó de dónde venía y como le había cambiado su cabeza empezar a militar en la comisión, a partir de vivir experiencias en las que nos cruzamos pero que no nos conocimos, como las jornadas de la mujer en la FUBA, la marcha por la legalización del aborto y el viaje con Pan y Rosas al último Encuentro Nacional de Mujeres. Nos contó sobre su origen, su historia de vida, las presiones de su familia, el haber superado prejuicios y empezar a militar a partir de acompañar la lucha de su compañero, lo que nos dejaba pensando cómo poder potenciar estas experiencias, transmitirlas al resto de compañeras de la facultad que se interpelan con la política de la mujer para contribuir a la vez en la construcción en los dos sentidos: de centros militantes y de comisiones de mujeres en el movimiento obrero. Dado que la situación cambia, y los tiempos se acortan, se vuelve necesario pensar de otra forma esa unidad con los trabajadores. “Acompañar” sus luchas, si bien es un gran paso, solamente no alcanza; ahora se trata de pensar las batallas en común, entre estudiantes y trabajadores, entre centros de estudiantes y comisiones internas, para que se vaya forjando la fuerza capaz de quebrar la balanza para el lado de los oprimidos.

Venir de esta actividad en Pacheco nos confirma que se aceleran los tiempos, y cambian las cabezas. La lucha de los textiles de Mariel Boló y de Elemento, de los 500 municipales precarizados de Lavalle en Mendoza, de los jóvenes trabajadores de Liliana en Rosario, de las obreras de Kromberg o de los trabajadores de Aeroparque -que provocaron las declaraciones de Berni contra los cortes de trabajadores- no dejaron que fuera un enero tranquilo y vacacional. El movimiento obrero está fuerte, con un nuevo estado de ánimo. Sobra disposición a la lucha. Pero si esa disposición no es acompañada por una estrategia correcta, por un gran partido revolucionario que reuna y organice lo que el capitalismo separa y desorganiza; obreros en blanco y en negro, junto a estudiantes y desocupados, estamos hablando de pan para hoy y hambre para mañana.

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La burguesía ya se puso de acuerdo en que quieran una “transición ordenada”. La burocracia sindical opositora, por su parte, sigue con su accionar antiobrero, conteniendo la bronca de los trabajadores, postergando la discusión de las paritarias (con un salario cada vez devaluado), mientras buscan aliados patronales como Massa, Macri, De Narvaez o de la Sota. Mientras tanto, los “oficialistas” de Caló y compañía, tratan de no tirar de la soga y dejan pasar el ajuste del gobierno y los empresarios. Por último, Micheli, el mandamás de la devaluada CTA-opositora, se esfuerza en demostrar que, por más barnís de izquierda, su método es como el de cualquier burócrata; “si es por el ánimo de la gente, ya habría un paro nacional, pero los paros los decidimos los dirigentes”.

En este sentido, la lucha económica por las paritarias, con una devaluación en curso, busca imponerle a la burocracia y al gobierno un porcentaje que recupere lo que se come la inflación. Esto implica una escuela de guerra para las agrupaciones obreras, para medir la relación de fuerzas entre las clases, que como dicen los diarios es el gran tema que hoy preocupa a la burguesía, al gobierno y a la burocracia. La paritaria docente dará el pitazo inicial, y se convertirá en la “paritaria testigo”.

Este extracto del muy buen post de Eduardo Castilla, nos puede servir para reflexionar:
En 1935 Trotsky afirmaba (A donde va Francia) que “La situación es tan revolucionaria como puede serlo con la política no-revolucionaria de los partidos obreros (…) Para que esta situación madure, hace falta una movilización inmediata, fuerte e incansable de las masas en nombre del socialismo. Esta es la única condición para que la situación prerrevolucionaria se vuelva revolucionaria”. Tomando esa lógica (y respetando los límites históricos de la analogía) se puede afirmar que, en una situación de tipo transitoria con rasgos prerrevolucionarios como la argentina, la situación está tan a la izquierda como lo permite la política traidora de la burocracia sindical peronista.

Teniendo en cuenta que en el movimiento estudiantil no venimos de procesos de lucha, sino que más bien los procesos impactan desde afuera (como vimos con inundaciones de la Plata, la represión en Borda, la entrega del petroleo a Chevron, o las elecciones del FIT) es necesario superar las presiones del academicismo y las prácticas del medio universitario, a través de entusiasmar a nuev@s compañer@s para que se organicen alrededor de campañas como la de la Absolución de los petroleros de Las Heras, que no se agota con la marcha del 5 de febrero. Pongamos en pié “comités” o “secretarias obrero-estudiantiles” para difundir y poner en movimiento a los estudiantes que optaron por centros militantes, llevando a la izquierda a dirigir 4 centros de estudiantes, reivindicando luchas como las de Kromberg, la de los textiles de Elemento, o las luchas que se desarrollarán.

Para concluir, citamos a un compañero, en la nota “El partido leninista como instrumento de combate”:
“En el movimiento estudiantil, podemos pensar en términos similares, aunque la distancia entre las agrupaciones (que impulsen todo tipo de iniciativas para promover centros de estudiantes militantes) y el “partido” (juventud) es más “corta” dada la lucha política intensa y la posibilidad de avance ideológico más rápido de los estudiantes. Sin embargo, allí está planteado conquistar una relación estrecha con el trabajo del PTS en el movimiento obrero, no sólo en las luchas, sino en la organización cotidiana de las agrupaciones y el partido. Esta es una condición de calidad para lograr una construcción no estudiantilista, en perspectiva revolucionaria. Si pensamos en términos de “partido leninista”, no se pueden separar estos niveles de organización. Cuadros de un “partido revolucionario” que no peleen por tener lazos orgánicos con los sectores avanzados (las agrupaciones), que no se propongan construir fracciones revolucionarias como una “fuerza material y moral” capaz de “bancar” el programa en la lucha contra nuestros enemigos, no merecen el nombre de tales”. Nos proponemos ir en ese sentido.
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