El CECSO NO SIEMPRE FUE ASÍ: ESTE AÑO CON LA IZQUIERDA, POR UN CENTRO COMBATIVO Y DEMOCRÁTICO


Por Octavio Crivaro, ex presidente del Centro de Estudiantes de Sociales

Qué cosa, che. Hace años que vivo, laburo y milito en otra provincia, Santa Fe, pero Sociales “siempre vuelve”. Veo las discusiones que se dan en torno a la elección del que fue mi centro de estudiantes, y fueron tantas las cosas que vivimos, que se hace imposible no intervenir.

En primer lugar, porque es tal el inmovilismo al que llevaron al querido CECSO, que a muchos de los que fuimos partícipes de derrotar a la Franja Morada, a los que protagonizamos los más importantes procesos de cambio, de autoorganización estudiantil, de combatividad, de unidad con los trabajadores, etc., nos resulta inexplicable que esta organización, que fue el centro más participativo de la UBA, hoy esté como está.

Por eso quería decir solo esto: el Centro de Sociales no siempre fue una organización vacía de participación, un negocio alienado de vida política. Ni tampoco tiene que serlo a partir de ahora. A partir de la lucha que están dando los compañeros de la Izquierda al Frente para recuperar el centro para estas tradiciones “creativas”, me sentí interpelado a aportar estos párrafos.


Ni con los K ni con el Campo y la “opo” sojera

La última asamblea de la que participé fue en pleno conflicto agrario, en el 2008. ¡En aquel entonces hacíamos asambleas para discutir todas las cuestiones importantes! En esos días la izquierda se agrupó en tres posiciones. Los que se decían “izquierda independiente” (La Juntada-El Empuje) empezaron a asumir su kirchnerismo vergonzante. Decían que había que apoyar al gobierno frente a la derecha, y se hacían los sotas de que en el kirchnerismo estaban la burocracia sindical asesina, los empresarios golpistas y los menemistas reciclados. Otra sector de la izquierda, el MST y el PCR, le puso boina y barba a Biolcatti y quisieron vendernos una Sociedad Rural “guevarista”.

Fuimos los que militamos en la izquierda consecuente, los que hoy formamos el Frente de Izquierda, los que sostuvimos una posición “independiente”: ni con el gobierno, ni con los sojeros. Defendimos un centro y un movimiento estudiantil que no se subordinaran a ningún bando patronal, que se hermanara con los trabajadores y los desocupados. Nunca El Empuje-La Juntada mostró tanto énfasis en defender a un conflicto obrero, como el que mostró para defender al gobierno de Cristina, Boudou, Insfrán y Pedraza.


Una tradición de lucha y asambleas, que hay que recuperar

Antes, fuimos impulsores y protagonistas de todos los procesos más importantes del movimiento estudiantil de la Facultad, que fueron enterrados bajo la alfombra por la actual conducción: tapan la historia de un movimiento estudiantil “que se movía” para defender un centro anquilosado y con telarañas. Eso sí, con guirnaldas y dibujitos en las paredes.

En el 2002 tratamos de pensar: ¿cómo “meter” el ambiente rebelde y callejero del 2001, en una facultad hipnotizada por camarillas beneficiarias de un régimen universitario oligárquico? No tuvimos mejor idea que impulsar, votándolo en asambleas masivas, una elección directa del director de la carrera de Sociología. En aquel entonces, las camarillas nos llamaron “locos”, “enfermos”, hasta “primates”. Todo porque cuestionamos el aristocrático sistema vigente de elección y porque defendimos que el movimiento estudiantil debía ser parte de definir la orientación de la carrera. Luego de una histórica lucha (silenciada por la actual conducción que prefiere el método de la “rosca” y saludar a las camarillas “progres”, antes que la decisión de abajo hacia arriba), logramos hacer la elección y Christian Castillo del PTS, el Chipi, fue electo director de la carrera. Los que defendían una universidad isla, trinaban de bronca frente a esta insubordinación estudiantil.

No era sin embargo un mero reclamo “formal”: también empezamos a discutir la importancia de reformar los planes de estudio, de que haya más prácticas con organizaciones sociales, de que se hagan convenios con trabajadores y no con empresas privadas. Además la carrera se convirtió en un refugio para los sectores más explotados. Esa aula de la Planta Baja de Marcelo T, que hoy se repite con automatismo su nombre, “Kosteki y Santillán”, la inauguramos en un conmovedor acto con familiares de los compañeros, con piqueteros y obreros de Zanon, a días de ese brutal asesinato. Cuando la facultad daba la espalda a los trabajadores, nosotros abríamos las puertas. Uno de los responsables de esos dos asesinados, Aníbal Fernández, fue funcionario estrella del gobierno K que la UES (y El Empuje) defienden como progresista.

Luego de que ganamos el centro, como parte de la conducción, dimos una batalla diaria para que el centro se democratice en todo sentido: que los que trabajen en la secretaría de apuntes sean estudiantes sorteados y no militantes rentados; que todas las decisiones sean tomadas en asambleas a mano alzada; que el centro NO transe ni se subordine a ningún decano, y que luche para que la FUBA no sea un templo para la rosca, sino una organización abierta y democrática. Y por último: que hay que optar por los trabajadores que luchan contra la precarización laboral, los pueblos originarios que luchan por sus tierras, los organismos de DDHH que no se subordinan a la cooptación del Estado, y NO humillarse frente al gobierno que impulsa la represión y que integra a los asesinos de Mariano Ferreyra y de los compañeros Qom. El Empuje-La Juntada defendió lo contrario en cada uno de estos fundamentales preceptos.

Durante estos días, para muchos se cayó la careta del gobierno, que puso a un milico de la dictadura en el Ejército, que reivindicó ser un “pagador serial” de deuda externa y que aprobó a balazo limpio la entrega de la explotación del gas a Chevron. Como corolario, los que enfrentamos al gobierno (y a la oposición) en el Subte, en los conflictos de trabajadores, apoyando a los originarios, etc., fuimos apoyados por casi un millón de votos que sacó el Frente de Izquierda en agosto. Hoy más que nunca se valida la importancia de que los estudiantes tengan un centro que vaya a la lucha, y que no sea un constructor del statu quo.

Cuando era estudiante quería que el movimiento estudiantil retome las banderas del Cordobazo y del Mayo Francés, y no que recoja las banderas de los centros tallados por la Franja Morada, agregándole un tono rojo (light). Hoy, a años de haberme ido de la facultad, sigo deseando lo mismo. Y eso se puede lograr, construyendo organizaciones democráticas, independientes de las autoridades y de lucha. Lo contrario de lo que tenemos hoy en nuestro querido CECSO. Vaya un abrazo de un viejo compañero para todos los estudiantes de Sociales y para los compañeros de La Izquierda al Frente.

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