Crónica del viaje a La Plata inundada


La chicharra cacheteadora sonó temprano y la semana había sido larga. Pero no costaba pegar el salto de la cama como pasa en la semana; el cuerpo pesa menos cuando uno sabe que el esfuerzo va a ser para los suyos, y no para el patrón.

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EL TREN DE LA BRONCA

A las 9.30hs, éramos casi 100 los estudiantes de la UBA que nos juntábamos en el hall de Constitución (otro sector, estaba acercando las donaciones que juntamos en las facultades a la colecta de la FUBA, que resultó ser un tire y afloje entre el PO y La Mella por quién se encargaba de llevar los colchones para “sus barrios”, más que ser un espacio real de organización y solidaridad de los estudiantes). Arrancó el tren y más de una hora nos separaba de La Plata. Podíamos dormir, pero la bronca no dejaba. Juntamos varios periódicos, y fuimos a repartirlos a colaboración vagón por vagón, como una excusa para abrir el diálogo. “Somos estudiantes de la UBA que estamos yendo a dar una mano a los damnificados y a llevar lo que recolectamos. Queríamos aprovechar para contarles un poco lo que pensamos. Los medios y los políticos hablan de `tragedia´, así lo hicieron cuando fue Cromañon o la masacre de Once. ¿Es una tragedia vivir sin asfalto y cloacas? ¿O que hagan un Shopping que te desagota en la cabeza? ¿Es una tragedia morir electrocutado como le ocurrió al trabajador del subte? No es una tragedia, es un crimen social que desnuda el trato de empresarios y políticos burgueses para con los trabajadores”. No volaba una mosca. Ni los burócratas de la verde que pasaban a relojear (con sus remeras y gorritas de la Unión Ferroviaria), pedracistas asesinos reciclados, se animaban a decir algo. 
La gente se entusiasmaba cuando contábamos la respuesta solidaria del pueblo trabajador, la colecta de los obreros de Kraft, de docentes, terciarios. Asentían cuando contábamos la propuesta del diputado ceramista Raúl Godoy: “¿los políticos del PJ, del PRO, de la UCR quieren ayudar ante el crimen que ellos mismos cometieron? Bueno, que cobren todos los funcionarios igual que un docente, y donen el excedente a los damnificados, en vez de pasearse fingiendo la angustia de una realidad que no sufren, en el safari de la demagogia más berreta de los últimos tiempos”. En un vagón, varios jóvenes que iban con La Cámpora se entusiasmaban con la propuesta, y en la cara de sus propios dirigentes, compraban La Verdad Obrera y se la llevaban para leer.
Muchas jóvenes se ponían a disposición (“yo tengo una banda, si organizan algo avisen”), varias familias preguntaban dónde podían acercar su colaboración, y otros –directamente- habían agarrado todo lo que tenían y lo estaban llevando para los inundados. Un pibe levantaba la tapa de la Verdad Obrera, la señalaba y exclamaba; “esto es lo que pasó: un crimen social”.

PREPARANDO LAS BRIGADAS PARA IR A LOS BARRIOS

El Centro Cultural La Comuna se había transformado en el bunker de la solidaridad de todo el barrio. Allí nos recibieron los compañeros de la Juventud del PTS de La Plata. Con caras cansadas tras una larga semana, combatiendo el sueño con entusiasmo, nos contaron como venía la cosa. “Acá se inundó todo, se cortó la luz, el agua, las comunicaciones”, contaba Tito. Los compañeros estaban bien, aunque muchos perdieron cosas, todas materiales. “Acá se inundó mucho todo, el tema es que a los chetos se les llenó de agua el estacionamiento en el subsuelo, ¡y ya tienen al camión de bomberos drenando! Pero la gente que perdió todo, en los barrios más pobres, todavía sigue esperando que el Estado aparezca, ni una vuelta se dieron”, excepto por sus fuerzas represivas (¡siempre alertas!). En la Facultad de Medicina murió un trabajador no docente. Sin embargo, el decano se negó a “alterar” la rutina, la Facultad siguió abierta dando clases, con el mismísimo decano tomando parciales. A todos se nos viene la misma pregunta a la cabeza: ¿para qué son los médicos? ¿Para ser mano de obra barata de las prepagas o para poner sus conocimientos al servicio del pueblo, en este caso frente a una situación así? En la facultad de Periodismo el kirchnerismo regenteaba el lugar, permitiendo la entrada sólo mostrando pertenencia al proyecto “nac&pop” (es decir, o te “ponías la camiseta” de La Cámpora -literalmente- o no entrabas), mientras que junto a sus punteros políticos, mandaban los camiones de las donaciones que llegaban a los barrios donde pisa con fuerza el PJ. Una compañera no terminó de secar su casa, que se puso a organizar la solidaridad. Cuenta que en su trabajo (en el gremio de Comercio) avisaron que sólo podían faltar los que lleven un certificado de que se inundó su zona. “¿Con qué cara voy a pedir un certificado a los bomberos, si todavía hay muchísimos desaparecidos y tienen que estar ayudando con eso?”, se pregunta. De todas formas, ella ya se encargó de organizar el faltazo y la desobediencia colectiva. En la Toyota, cuenta un compañero, murieron dos trabajadores y todavía hay diez desaparecidos. Mientras, la empresa le exige a los laburantes que respeten los ritmos de producción y los amenaza con despidos. Los ejemplos de la desidia patronal compiten en número y “calidad” con los de la desidia de los políticos burgueses. Es lógico, son hermanos de clase.

Hay muchas historias más para socializar, pero los paquetes de donaciones ya están armados y hay que salir a distribuirlos. Organizamos varias brigadas en conjunto con los trabajadores de la junta interna del IOMA para organizar las acciones del día: algunos a los supermercados, a seguir con la colecta –hay pocos casos de empresas que hayan donado algo de sus depósitos, pero todos los vecinos sí compran algo y lo dejan-, otros grupos se van para los barrios (al Comedor de Celeste en el barrio de Los Hornos, al Barrio 19 de Febrero, al Barrio San Carlos –donde viven los compañeros obreros de la exMafissa-, a Villa Elvira, al Club Malvinas en el Barrio Las Quintas, etc). Partimos a Berisso y las afueras de La Plata, donde nos esperan los restos del desastre. Era fundamental entender que nuestro fuerza tenía que estar puesto al servicio de los trabajadores que hoy estaban azotados por este crimen social, al fin y al cabo, el conocimiento que busque derribar esta sociedad de clases con perspectiva socialista, tiene que estar puesto al servicio justamente de la clase trabajadora. Esto se materializó, lo que nos duplicó el esfuerzo; el trabajo codo a codo con los trabajadores del IOMA y los desocupados de las barriadas buscaba no sólo llevar la solidaridad a los barrios, sino que nuestro objetivo iba más allá: para que justamente sean el Gobierno nacional y provincial quiénes se hagan cargo de las perdidas con subsidios sin condiciones, para que los grandes empresarios se hagan cargo de la distribución y costo de colchones, alimentos, equipamiento eléctrico, para que salgan a la luz la cifras reales de los muertos, desaparecidos y condiciones de las barriadas, para que haya justicia por este crimen social perpetrado por la política del gobierno. Hacia allí avanzábamos entonces.

Dibujo realizado por el compañero @Pablo Ferla

Dibujo realizado por el compañero @Pablo Ferla

LO QUE MATA  

Las historias son desgarradoras allí donde las casas son de madera y chapa y, por lo tanto, no existió el primer piso como refugio. Las madres agarraban a sus hijos como podían en el metro y medio de inundación. Algunos se perderían en el torrente de agua, para jamás volver a verlos. Nadie se cree el verso oficial de los 51 muertos. Todos conocen a alguien que murió. Y entre las cifras oficiales, contradictoriamente a lo que cuentan muchas madres sobre lo que le pasó con sus hijos, no hay menores. El olor no es a humedad, es a mentira. Una más, y van; juegan como títeres con los trabajadores que sufrieron este crimen. Pero los trabajadores no comen vidrio. A pesar de las declaraciones nefastas de Alicia Kirchner responsabilizando a los propios afectados por la violencia con que la trataron cuando realizó su tour guiado por las zonas más afectadas, el abucheo de la gente dejó bien clarito que saben que la responsabilidad es del kirchnerismo. Nada de “desastres naturales”. Hay nombres y apellidos: Bruera, Scioli, y Cristina. Al fin y al cabo, eso es lo que decía la boleta del FpV hace dos años.

Toda la ayuda posible no sobra, ni alcanza. Para colmo, en La Plata el agua potable sale de las napas, y con el temporal, la empresa recomienda no beberla por la gran cantidad de mugre que corrió. “¿El congelamiento de precios del Gobierno? A la mierda con eso, ¡subió hasta el agua!”, se pregunta un señor que se lleva un par de bidones. Se sigue corriendo la bola de que llegaron donaciones. Se va sumando la gente, se acaban las cosas, pero no las necesidades. Nos preguntan si por favor podemos volver, “ah, y si pueden, con médicos, que lo tengo a mi hijo con asma y en la salita me boludearon”. “Yo no es que me quiera quejar, pero acá no vino nadie”, remata una joven madre con resignación, como pidiendo perdón. “Quéjese, mujer, quéjese que tiene toda la razón”, le contestamos  mientras la acompañamos con las cosas hasta la casita. “Acá para lo único que pasaron fue para reprimirnos”, “Vino la gendarmería a cagarnos a palos”. Pero claro, hacía unos días nomás se escuchaba a la nunca menos cínica de Cristina planteando que mandaban a los barrios a la gendarmería “porque la gente estaba asustada de que había visto caras raras”. Las barriadas tienen muy en claro cuál es la política del estado para con ellos; lo tienen en claro porque sufren a diario la persecución y represión por parte del brazo armado del Estado; en ningún momento se podría pensar que hoy, con tanta bronca, con tanta tensión entre los trabajadores afectados, entre tanta indignación, el Estado respondería y se presentaría de otro modo. Lo necesario era dejar en claro que “acá no se arma ningún alboroto”, cortito y al pie, con un par de culetazos por si quedaban dudas.

En los barrios hay bronca con el Gobierno que jamás invirtió y por eso pasó lo que pasó. Pero también hay bronca porque ni siquiera aparecieron para dar la cara, para hacerse responsables. “Acá está lleno de punteros, pero todavía no vino ninguno”. En algunos lugares ya aparecen algunos camiones enviados por el Estado, entre los que bajan las cosas, hay varias remeras de Kolina, la Agrupación kirchnerista de Alicia Kirchner. “Dejá las cosas y sacate la remera”, le gritan los vecinos. Hay plena conciencia de que es un Crimen Social contra los trabajadores: “¿de qué me sirve un colchón nuevo si sé que se me va a volver a mojar?”.

Volvemos en tren masticando bronca. ¿Cómo terminar con toda esta irracionalidad capitalista?

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