Manifiesto por la anulación de la Ley de Educación Superior


Reproducimos el Manifiesto por la anulación de la Ley de Educación Superior editado en el 2005 y que forma parte de una acumulación política clave para seguir encarando los debates en torno al movimiento estudiantil hoy.
Viernes, 3 de junio de 2005
A DIEZ AÑOS DE SU PROMULGACIÓN

Manifiesto por la anulación de la Ley de Educación Superior

Por una universidad al servicio de los trabajadores y el pueblo

A diez años de su promulgación

Manifiesto por la anulación de la Ley de Educación Superior

Por una universidad al servicio de los trabajadores y el pueblo

A una década de su promulgación se encuentra abierto un gran debate en torno a la Ley de Educación Superior. Las luchas del Comahue y la UNP pusieron en evidencia el agotamiento del ciclo de una universidad moldeada por la CONEAU y el FOMEC. La discusión sobre el futuro de la universidad pública ha ganado espacio en los medios de comunicación, resonando en foros, encuentros, donde comienzan a delinearse las diferentes estrategias.

En este Manifiesto de En Clave ROJA presentamos un programa de medidas que, partiendo de la anulación de la LES, y en el marco de la serie importante de luchas que están protagonizando los trabajadores, supere la decadencia de Universidad actual, con el objetivo de luchar por una Universidad al servicio de los trabajadores y el pueblo.

Importantes acciones y levantamientos populares contra los gobiernos proimperialistas atraviesan América Latina desde el año 2000, con el derrocamiento de Lucio Gutiérrez en Ecuador como su episodio más reciente, a la vez que el movimiento obrero, especialmente en Brasil y en Argentina, comienza a ganar protagonismo.

En nuestro país las jornadas del 19 y 20 de Diciembre de 2001 fueron un punto de inflexión mostrando un contundente rechazo de las masas a la implementación abierta de las recetas del Consenso de Washington, y a los partidos que las aplicaron: la UCR y el PJ.

Hoy, el movimiento obrero sale a luchar contra los salarios de miseria autoorganizándose frente a la burocracia (tanto de la CGT como de la CTA), y comenzando a dar pasos históricos en la coordinación como la huelga solidaria del Subte por LAFSA y el Garraham, y como en el Encuentro Obrero realizado el 2 de abril en Buenos Aires, o el reciente acto unitario del 1º de Mayo pasado.

En la Universidad y los colegios también vemos como los docentes no se conforman con los sueldos de pobreza del Gobierno de Kirchner y salen a la lucha como lo demostraron con fuerza en las recientes huelgas de la CONADU y la CONADU (histórica) o los docentes en Salta.

Mientras tanto el “capitalismo en serio” de Kirchner compromete más del 3% del superávit fiscal para el pago de la deuda externa e hipoteca las riquezas de los trabajadores por treinta años mediante el pacto con el FMI, al tiempo que intenta vender “espejitos de colores” prometiendo el 6% del PBI para la educación para el año… 2010 (“2010, odisea de la educación”). Las prioridades de este gobierno son claras: por cada peso destinado a la suma de los presupuestos de Salud, Educación, Vivienda y Agua potable, destina $1,3 al pago de la deuda.

No es mejor el lugar de la educación superior en la agenda del gobierno, su coqueteo con ciertas reformas cosméticas de la Universidad de la LES se proponen “naturalizar” la decadencia a la que fue confinada la Universidad. Expresión de esta continuidad con las políticas de los ’90 es la perpetuación en el cargo del Secretario de Políticas Universitarias, Juan Carlos Pugliese, uno de los pilares de la avanzada menemista sobre la universidad en los ’90 contra la que el movimiento estudiantil se enfrentó en el ’95 y el ’99.

En este contexto es que el movimiento estudiantil tiene planteado retomar el camino de grandes gestas como la gran huelga de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 1999, que llegó a dar un organismo de autoorganización como el Consejo general de Huelga (CGH), que fue la máxima expresión de la resistencia estudiantil contra los planes del FMI y el Banco Mundial.

A 10 años de la puesta en marcha de la Ley de Educación Superior (LES) hay que decir claramente que es un ciclo que se encuentra agotado, completamente perimido. Esta ley, emblema de las reformas de mercado en la Educación Superior, no pudo alcanzar su “objetivo de máxima”: lograr la privatización y el arancelamiento total de la universidad, liquidando la conquista de la Universidad Pública y Masiva.

Sin embargo, sí alcanzó un “objetivo de mínima”: avanzar en la elitización y mercantilización de importantes aspectos de la educación universitaria, “conquistas” reaccionarias como la devaluación del título de grado mediante la generalización de los posgrados pagos, la multiplicación de los acuerdos con las grandes empresas que llegaron a moldear carreras enteras, y toda una batería de políticas como ser: los cupos, las “contribuciones voluntarias”, los exámenes para restringir el ingreso. Todas estas sumadas a los mecanismos de segregación social que establece de por sí la sociedad capitalista para el acceso a la educación superior.

Frente al Gobierno de Kirchner y quienes quieren defender esta Universidad de la LES escondiéndose detrás de las reformas cosméticas. Nuestra pelea no puede limitarse a la derogación de la ley, es decir a sus efectos futuros. Es necesario desterrar definitivamente la elitización y la mercantilización de la universidad. Por esto, los centros, federaciones y agrupaciones estudiantiles tenemos que lanzar una gran campaña nacional por la ANULACIÓN de la LES. Y de esta manera avanzar en la construcción de una universidad al servicio de los trabajadores y el pueblo.

Financiamiento para una eficiente evaluación de la calidad o un eficiente mecanismo de cooptación para el avance de la LES.

En el marco del plan de reformas neoliberales establecidas por el Consenso de Washington, los ideólogos de la LES partían de cuestionar la baja “eficiencia productiva” de una universidad masiva, que recibía “muchos” recursos para unos pocos egresados y de “dudosa calidad”. El argumento principal fue que subordinando el financiamiento a la implementación de objetivos de “eficiencia” se aumentaría la “calidad” de la educación universitaria y su “equidad” social.

Crearon entonces, por un lado, un conjunto de programas para rediseñar la asignación del presupuesto: el Fondo de Mejoramiento para la Calidad Universitaria (FOMEC), el Programa de Incentivos para Docentes e Investigadores (PIDI), el modelo de “costos Standard” para asignación de recursos, y por otro lado, un organismo evaluador centralizado, la Comisión Nacional para la Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU).

¿Qué significó “avanzar en la eficiencia y la calidad”?

La actuación de la CONEAU y sus nefastos resultados han dado muestra de ello. Tras 10 años de acreditaciones la Universidad Pública ha sido arrasada por un huracán que ha profundizado la entrega de las instituciones universitarias a manos de los intereses del mercado capitalista. Muestra de esto es la decadencia académica y edilicia, así como también el peso que adquirieron las grandes empresas en el diseño de las carreras reorientando el conocimiento y la investigación hacia el mercado. Simultáneamente han impulsado el “boom” de las universidades privadas y los posgrados pagos.

Este proceso lo vemos en facultades como Ingeniería de La Plata o Medicina, Arquitectura o Ingeniería de la UBA, donde la relación entre universidad, posgrados pagos, LES, y empresas privadas, se expresa directamente alrededor de convenios con laboratorios como Roche, emporios como la Corporación del Sur (que construyó Puerto Madero) o empresas como Techint.

Su “obstinada preocupación” por la “calidad” no fue más que una cubierta para avanzar con la privatización de la universidad pública. El proyecto neoliberal de un “Estado mínimo” necesitaba contar con una “Universidad mínima” proveedora de una elite “calificada” de técnicos capaces de maximizar las ganancias capitalistas.

Cualquier duda respecto a qué es la “calidad” en manos de estos privatizadores se despeja al comprobar (mediante numerosas investigaciones realizadas) que en los diferentes programas implementados, los procesos de evaluación de la CONEAU sólo otorgaron un lugar marginal a la investigación, la docencia, y la calidad académica en general, frente al peso descomunal otorgado a la gestión administrativa y académica, o sea, al avance privatista.

Por ejemplo, el 50% de los proyectos rechazados por el FOMEC lo fueron por instancias institucionales que no tenían el atributo de evaluar la calidad (DE, CP, CAC, CD). Un análisis de los dictámenes de evaluación del mismo programa nos muestra que proyectos que se encontraban en el piso mínimo de calidad, pero que eran de alto impacto en cuanto a reforma académica fueron aprobados. Por su parte, las evaluaciones del tan mentado Programa de Incentivos a la Docencia y la Investigación (PIDI) terminaron relegando las investigaciones científicas frente a los trabajos centrados en la gestión.

Todo esto se legitimaba avasallando la autonomía universitaria mediante de las acreditaciones de la CONEAU integrada, por diputados (3), senadores (3), funcionarios del gobierno (1), rectores de universidades privadas (2), y por lo más encumbrado de las camarillas profesorales de la universidad pública (3). La CONEAU anticipaba desde su composición misma que no sería la calidad de los proyectos el eje de la evaluación, sino más bien, el impacto de los proyectos para las reformas de mercado que se proponían.

En este marco se crean estos “programas especiales” que supuestamente financiarían a quienes alcanzaran la tan mentada “calidad y eficiencia”. Dichos programas no llegaron a representar más que un reducido porcentaje del presupuesto universitario (nunca llegaron a más del 8%). Sin embargo, estos fondos, aunque mínimos en relación a las necesidades de la universidad, fueron más que suficientes para ganar la adhesión entusiasta de las camarillas corruptas para la implementación de la LES.

Si las evaluaciones sólo apelaban a asegurar “la calidad” de la universidad para el mercado, las “partidas especiales” no tenían más objetivo que adquirir ejecutores, con cierta “legitimidad”, para dichas políticas. El Banco Mundial aporta el dinero y los criterios privatistas de evaluación; las camarillas aplican, y reciben su parte.

Una institución política clave asociada a la LES fue el FOMEC. Lanzado en 1995 fue el programa precursor en la asignación de presupuesto para aplicación de reformas mercantiles en base a proyectos concursables. Su presupuesto inicial, proporcionado por el Programa de Reforma de la Ecuación Superior dependiente del Banco Mundial fue de u$s 238 millones para el período 1995-2000, a partir de lo cual seguiría implementándose con fondos del presupuesto universitario.

Sus objetivos, a parte de “mejorar” la gestión, eran los de implementar la reforma académica en los planes de estudio e imponer la departamentalización, que implicaba que distintas carreras de una misma facultad compartan un “tronco” mínimo común, con la eventual obtención de un título intermedio, apuntando a acortar el ciclo de grado pasando las especializaciones a los posgrados pagos, y una disminuyendo drástica de la planta docente.

Sin embargo, su gran logro consistió imponer, a partir de 1997, la lógica del chantaje que ligaba financiamiento a evaluación, lo que dieron en llamar modelo de “costos estándar”. Hoy, el Banco Mundial puede sincerarse declarando que “La SPU [Secretaría de Políticas Universitarias] diseñó un modelo de asignación de recursos […] que no tuvo por finalidad premiar la calidad sino financiar proyectos para el desarrollo institucional” (BM, 2003).

- No a la injerencia del financiamiento privado en la Universidad Pública. Abajo el manejo discrecional del presupuesto por las camarillas.

- Triplicación del presupuesto universitario en base al no pago de la deuda externa bajo control democrático de estudiantes, docentes y no docentes.

- No a las carreras moldeadas por el mercado y los convenios que atan a la Universidad a los monopolios capitalistas.

- Por carreras orientadas según las necesidades del pueblo trabajador y convenios con las organizaciones combativas de la clase obrera.

- No a las acreditaciones de la CONEAU conformada por diputados, senadores y rectores de universidades privadas, representantes del gobierno y de los intereses empresariales.

- Por la plena autonomía universitaria.

- Por una comisión integrada por los científicos más destacados, no vinculados a instituciones privadas ni empresariales, junto a estudiantes, docentes y no docentes con fiscalización de las organizaciones sociales que sea la que controle la calidad de la enseñanza.

Posgrados arancelados: la privatización encubierta

En la avanzada por la privatización de la educación superior, los impulsores de la LES presentaron al desarrollo de los posgrados como una vía de superación a la crisis de la universidad pública.

Lejos de esto, podemos decir que, de conjunto, el aspecto más desarrollado de la estrategia privatista de la LES lo constituye el avance demoledor de los posgrados arancelados sobre la educación universitaria. Si bien no pudieron llevar hasta el final la privatización liza y llana de la educación pública, sí lograron devaluar y restringir el ciclo de grado, a la vez que imponer de hecho el pago de un arancel para obtener un titulo “de primera” a través de los posgrados pagos.

Una privatización de hecho de la universidad tal cual la conocíamos, que establece al ciclo de grado como un verdadero “enseñadero” con funciones de nivelación y filtro de dimensiones monstruosas. Una especie de gigantesco CBC, en el que cada vez se reciben menos estudiantes, mientras que en el posgrado la relación egresados/ingresantes se duplica. También aquí el argumento de la supuesta “calidad” es refutado, en tanto que en los posgrados nos encontramos, en lo sustancial, con los mismos docentes y conocimientos impartidos en el grado.

Al calor de la LES la cantidad de posgrados creció más de un 140%, triplicándose en las universidades estatales y duplicándose en las privadas. La tradicional orientación “profesionalista” de la universidad pública argentina (un título de grado que permitía ejercer una profesión) fue trasladada al posgrado. En el campo de la Salud el avance privatista en base a los posgrados ha sido realmente avasallante. La oferta de posgrados creció en total un 227%, correspondiendo al día de hoy un 44% en instituciones privadas contra un 36% en las estatales.

Al tiempo que elitizó mediante los posgrados, la LES impulsó la proliferación de los institutos terciarios no universitarios que luego acreditaba como “carreras universitarias cortas” generando una lucha desenfrenada por la “captación” de estudiantes-clientes.

Así mismo, en el ámbito de los posgrados se generó mediante la evaluación una “desesperación de credencialismo”, llegando al punto de impulsar a la construcción de posgrados “endógenos” de baja calidad en función de la posibilidad de reproducción financiera y personal de las camarillas profesorales. Como dijo un ex alto funcionario de la CONEAU y el FOMEC: “si no tenemos posgrado, los que no lo tenemos nos juntamos, organizamos un posgrado y nos damos posgrados a nosotros mismos”.

¿Qué tipo de posgrados impulsó la LES? Lejos de sus promesas de incentivar el desarrollo de la ciencia en la universidad, podemos ver que en estos años los Doctorados, definidos por la LES como el área que tiene por objeto la “creación de verdaderos aportes originales”, decrecieron enormemente frente a Maestrías y Especializaciones, definidas por la demostración de “destreza en el manejo conceptual y metodológico correspondiente al estado actual del conocimiento en la o las disciplinas del caso” y por la presentación de un trabajo final integrador respectivamente.

- No al negocio de los posgrados pagos y a la degradación del título de grado.

- Por la gratuidad de todos los posgrados.

- Por una educación pública, gratuita, y de alta calidad científica.

Las murallas al ingreso: ¿calidad o elitización?

Como si la creación de los posgrados pagos fuese poco, desde el punto de vista de la elitización de la educación superior, la Universidad de la LES ha avanzado en muchas universidades nacionales en la implementación de lo que sus teóricos dieron en llamar “políticas de ingreso”.

Las máximas elaboradas por el Banco Mundial en este punto son claras: “achicamiento del sistema de educación superior y concentración de la calidad en unos pocos”. Los fundamentos también: “no invertir fondos del Estado, que se pueden usar para transferir a los organismos de crédito internacional, en financiar a estudiantes que no terminan sus estudios o tardan mucho en hacerlo”.

Así respondían y responden quienes planifican las políticas educativas al hecho de que muchos estudiantes que ingresan a la universidad no tienen posibilidades de continuar sus estudios, ya sea por la decadencia de la educación primaria y secundaria, como por el hecho de que no disponen de los recursos socio-económicos para hacerlo. Los datos son contundentes, hoy sólo un estudiante del sector de más bajos ingresos logra acceder a la educación universitaria de cada ocho del sector más alto.

Dos tipos de procesos se implementaron en la educación superior para sustituir la pedagogía por el darwinismo social. Por un lado la “diversificación de la oferta” de la educación possecundaria orientada hacia el mercado con la expansión de carreras cortas para los estudiantes que necesitan insertarse rápidamente al mercado laboral, y la subsistencia de carreras largas para quien aún se las pueden costear. Y por otro lado la restricción del ingreso mediante exámenes eliminatorios para quienes tienen la osadía de elegir carreras largas sin tener los recursos socioeconómicos suficientes.

No faltan los apologistas lastimosos que intentan presentar las “políticas de ingreso” como forma de “nivelación” para quienes llegan a la universidad proveniente de colegios públicos con formación insuficiente.

A ellos se suman los defensores del “equilibrio de mercado”. Preocupados por la “excesiva” oferta de profesionales y técnicos que genera la Universidad Pública. Frente a un mercado incapaz de absorberla, proponen limitar el ingreso con cupos, aranceles y exámenes, que restituya el “equilibrio”. Este argumento lo escuchamos de boca de aquellos que buscan el ingreso restrictivo en la mayoría de las carreras de medicina del país.

Su discurso es que “sobran médicos”, que estos exceden a la “capacidad operativa” del actual sistema de salud, cuando más del 40% de la población es pobre y no tiene acceso a un sistema de salud digno. Los trabajadores de la salud salen a luchar contra a la destrucción del hospital pública. Frente a esto los apologistas de la LES, más que un “excedente de médicos” lo que demuestran es el “modelo social” al que la LES es funcional, donde las necesidades del pueblo trabajador no son un elemento a tener en cuenta.

El caso de la UNLP, que actualmente se encuentra en litigio es ilustrativo de estas políticas habiendo llegado al paroxismo de que a la carrera de ciencias médicas a la que en 1990 entraban 3098 estudiantes hoy ingresen… 75. Sin embargo no fue esta carrera la única que implementó “políticas de ingreso” en la UNLP.

Tenemos también, el caso de la UNC, en donde en la Facultad de Ciencias Médicas reglamentaron un cupo máximo de 550 estudiantes y en las principales facultades impusieron un arancel bajo la forma de contribución voluntaria.

Como en muchas universidades, la implementación de estas políticas fue requisito fundamental para tener un lugar en la repartija del magro presupuesto universitario, mecanismo ante el cual las camarillas gobernantes se sumaron complacidas.

Otro mecanismo del arsenal elitizador fue la precarización de la educación secundaria. Por ejemplo, en la UNLP esto significó la disminución de los ingresantes provenientes de las escuelas públicas por los efectos de desfinanciamiento crónico del traspaso de los colegios dependientes del Ministerio de Educación de la Nación al ámbito de la provincia a partir de 1993.

Todo esto, se suma a aquellos mecanismos permanentes de segregación, tanto económicos, como sociales y culturales, del propio capitalismo.

Contra la “diversificación” de carreras “cortas” para los hijos de los trabajadores y de los desocupados, y carreras “largas” para los que puedan sortear sus múltiples mecanismos de segregación social.

Defendamos el derecho universal a una educación integral que supere el “adiestramiento técnico” y permita el acceso a la cultura y a la ciencia para las grandes mayorías.

- Abajo los cupos y todos los mecanismos “pedagógicos” y económicos que limitan el ingreso a la universidad.

- Por el ingreso directo e irrestricto a la universidad y cursos de apoyo extracurriculares para quienes los quieran tomar.

- Por becas para los hijos de los trabajadores y los desocupados, y jornada laboral reducida con igual salario para quienes quieran estudiar en la universidad.

- Por provisión gratuita de los materiales de estudio.

- Por comedores estudiantiles.

- No a la degradación de la educación primaria y secundaria, verdadero filtro preuniversitario.

- Abajo la Ley Federal de Educación. Por un salario docente igual a la canasta familiar. Por el aumento inmediato del presupuesto de la educación básica del 8% del PBI en base al no pago de la deuda externa.

Incentivos para la investigación o prebendas para la estratificación

Si durante los ’90 el ascendente de la ideología privatista, de la mano de la convertibilidad y el auge del consumo de los sectores más privilegiados de las clases medias, sirvió para avanzar en la entrega del país aplastando resistencias de la mano de burócratas y comisionistas, la universidad no fue ajena a esta ofensiva burguesa.

Este contexto general, relevante en sí mismo para la implementación de las reformas de mercado en la Universidad, tuvo a su interior mecanismos precisos cuyo lema fue: “a cada quien su mecanismo de cooptación”.

Para llevar adelante esta máxima se crea en 1993 el Estado Mayor de la avanzada mercantilista sobre la universidad, la Secretaría de Políticas Universitarias (SPU). Su primera misión fue cooptar a la elite profesoral que monopolizaba y monopoliza los organismos de gobierno de la universidad; el mecanismo privilegiado fue el Programa de Incentivos a los Docentes Investigadores.

Este Programa logró doblegar las resistencias iniciales de las camarillas gobernantes de las universidades nacionales, empezando por el Consejo Interuniversitario Nacional, hasta llegar a incluir a poco más de 20.000 docentes a nivel nacional, configurando una primera estratificación entre los que acceden a los incentivos – que suman a sueldos que en algunos casos llegan a los $3.000 -, por un lado, y más del 85% de los docentes que se ven obligados a vivir con salarios que están por debajo de la línea de pobreza, por el otro. Sin hablar de la gran cantidad de docentes en facultades de todo el país que trabajan sin percibir ningún salario: los llamados “ad honorem”.

Pero para un proyecto tan reaccionario como elitizar la educación superior y ponerla al servicio de los intereses del mercado, esta primera división no es suficiente. Dentro de los que pueden acceder a los incentivos se operó una segunda división, donde las categorías más altas -y por ende con una renta superior- son monopolizadas por quienes tienen ya rentas de dedicación exclusiva, que no por casualidad son en su gran mayoría profesores titulares concursados y por lo tanto miembros de la casta que acapara los más importantes cargos de gobierno de la universidad.

La “objetividad” de los criterios para pertenecer a la casta superior, que a su vez se combinan con éxito con el mayor de los clientelismos políticos, deja bastante que desear. El hecho de ocupar un cargo de rector o de profesor titular “vale más” que el aporte científico o artístico que alguien pueda hacer. Un criterio de excelencia sin duda bastante burocrático, donde, a partir de la grilla de evaluación diseñada por el CIN, un profesor titular que hubiese sido rector dejaría opacado al mismísimo Einstein que sería caratulado como de tercera categoría.

Pertenecer tiene sus privilegios. Los que ocupan altos cargos de gestión y/o son profesores titulares concentran poder político, rentas, acceso al financiamiento, viajes a congresos, etc. que a su vez les permiten obtener más puntos, que a su vez les dan más acceso al poder político, a las rentas, al financiamiento, a los congresos, etc.

Como cualquier casta los mecanismos de promoción de nuevos miembros quedan supeditados al beneplácito de los más beneficiados dentro de los más beneficiados, a saber: los miembros del aristocrático Banco de Evaluadores.

- Basta de docentes de primera y de segunda. Ningún docente sin salario.

- Por un aumento salarial de emergencia para docentes y no-docentes hasta cubrir los costos de la canasta familiar para el cargo testigo.

- No al uso de los incentivos como prebendas para una elite.

- Por un presupuesto universal para ciencia y técnica. Por el libre ejercicio de la actividad científica.

Ciencias sociales y humanidades, ¿un silencio cuantificable?

La ofensiva burguesa de los ’90 sobre las conquistas de los trabajadores y el pueblo creó sus apologistas profesionales. No los buscó, salvo excepciones, en la universidad pública. Toda una pléyade de periodistas y técnicos sociales perfeccionados en las universidades yanquis sirvieron de escribas y animadores televisivos para convencer de que el hambre y la entrega eran síntomas del acceso al “primer mundo”.

Las ciencias sociales y las humanísticas en general fueron llamadas a silencio, con eso bastaba. Mientras tanto en los manuales del Banco Mundial las ciencias sociales eran identificadas con el positivismo jurídico, el marginalismo económico, la mercadotecnia, y la administración, tanto de empresas como de “recursos humanos”.

En el terreno de las “ciencias blandas” la política no se diferenció mucho de la que se tuvo hacía las “ciencias duras”, a saber: incentivos para estratificar al cuerpo docente entre aquellos que cobran salarios de miseria y una elite destinataria de incentivos, viajes a congresos, publicaciones, etc. que garantice mantener el silencio cómplice en las diferentes disciplinas.

La gran diferencia fue que mientras en las “ciencias duras” los incentivos, puntajes, y categorización eran una práctica antediluviana que durante los ’90 vino a consolidar a grupos privilegiados preexistentes, en las ciencias sociales y humanísticas fue un fenómeno nuevo que vino a crear un nuevo grupo de investigadores, una suerte de “nuevos ricos” que se sumó a los “ricos de cuna” de las cúpulas del CONICET.

No es de extrañar que en este marco el “pensamiento único”, llamado a proscribir cualquier idea que cuestione el capitalismo, haya desembarcado en la Argentina. La ideología de que con la democracia burguesa “se come, se cura y se educa” atravesó todos los análisis de todas las disciplinas como intento de desterrar cualquier vestigio de la idea de revolución. El ascenso revolucionario de los ’70 fue estigmatizado como ejemplo de barbarismo social, o en el mejor de los casos como un período de heroísmo pasado de moda. La “calidad” y la “eficiencia” proclamadas por la LES se tradujeron en las humanidades como silencio y amnesia.

Junto con el “pensamiento único” florecieron las cátedras únicas, en las que conceptos como “lucha de clases” y “clase obrera” fueron relegados al cajón de los recuerdos, y el marxismo proscrito o descuartizado hasta hacer irreconocible su misma sombra. En este sentido, la cátedra de Romero en Historia de la UBA es un triste emblema, que ante el “osado” surgimiento de una cátedra paralela logró obtener el apoyo de lo más consagrado de la intelectualidad local, pero no pudo mantener más que una minoría de su anterior alumnado cautivo.

En la actualidad, los relevos de la era “K” llegan de la mano de un importante sector de intelectuales entre los que cuentan Horacio González, Nicolás Casullo y José Pablo Feinman, que se han transformado en apologistas de las bondades “nacionales y populares” del superavit fiscal y los acuerdos con el FMI. Mientras aceptan cargos en la Biblioteca Nacional, o incluso de secretarios del gobierno, como el caso de José Nun, callan ante la entrega del país al imperialismo y la represión a trabajadores y luchadores.

El fin del silencio cómplice no puede llegar de la mano de estos intelectuales, ni con las utopías reformistas como el “Plan Fénix” o el Proyecto “Mariano Moreno” de la UBA. Un cuestionamiento de raíz a la universidad de la LES en este terreno solo puede venir de la mano de una nueva intelectualidad que traiga a la lucha de ideas todo aquello que la LES proscribió empezando por los conceptos de “clase obrera” y “lucha de clases”, para recuperar frente a la historia oficial de la democracia burguesa como destino final, la verdadera historia de lucha de la clase obrera y la idea de la revolución social.

- Basta de “pensamiento único” y discriminación ideológica en las universidades.

- Por la libertad de cátedra y cátedras paralelas contra la ideología oficial.

- Basta de intelectuales cómplices de la burguesía.

- Por una intelectualidad marxista junto a la clase trabajadora.

Un régimen feudal en la universidad

¿Cómo la elite profesoral que concentra las prebendas de la LES garantizó y garantiza el vaciamiento de la universidad desde adentro?

El ejemplo de la UBA es ilustrativo. Según datos del Censo del año 2000, de un total de 7.361 Profesores Titulares y Adjuntos sólo el 50% -aproximadamente- estaba concursado y tenía derecho al voto en el claustro de Profesores para el Consejo Superior y los Consejos Directivos de las Facultades. Lo que significaba que un puñado de 3.700 Profesores tenían mayor representación (50% más) en los órganos de gobierno que 253.260 estudiantes. Por si esto fuera poco, la mayoría de los docentes, en la actualidad 21.538, votan como “graduados”, y los 10.000 no-docentes que trabajan en la universidad no existen para el régimen.

Desde aquel entonces esta situación se profundizó, según el Censo 2004 de la UBA, hoy la proporción de los Profesores Titulares y Adjuntos se ha reducido casi un 10%, concentrando aun más los derechos políticos dentro del régimen universitario. Esto no podría ser de otra forma, ya que los concursos son manipulados por los mismos que ya están concursados para cuidar que no haya ningún nuevo “miembro” que perturbe los pactos establecidos.

Pero estas camarillas oligárquicas no actuaron en soledad. Contaron con el apoyo incondicional de la dirección estudiantil de la Franja Morada. Esta sociedad fue decisiva para bloquear y desviar las luchas estudiantiles contra los ataques privatistas, como lo hizo en la UBA la impresentable dupla Schuberoff – Franja Morada en el 95´ y el 99´.

A fines de los ’90 el retroceso de la Franja Morada debilitó el poder de las camarillas. Sin embargo, salvo excepciones como la elección directa del director de la carrera de sociología (UBA), el conflicto en el Comahue, y más recientemente en la UNP, las camarillas gobernantes lograron conservar casi intacto el “statu quo” en la universidad. Para esto se basaron en los elementos más conservadores de amplios sectores de los estudiantes, que a pesar de la degradación de los títulos, y el meteórico aumento del desempleo y la precariedad laboral entre los egresados universitarios, siguen priorizando la posibilidad de tener un acceso privilegiado al mercado de trabajo mediante un diploma.

La utilización “activa” de estos aspectos conservadores ya la empezamos a ver en el conflicto del Comahue, reflejada en la organización de los “Autoconvocados” que aglutinó a estudiantes para la defensa de las acreditaciones de la CONEAU y el ingreso restrictivo.

- Abajo el voto ponderado de la elite profesoral.

- Elección directa de todas las autoridades universitarias, una persona un voto.

- Basta de gobierno oligárquico de las camarillas.

- Cogobierno docente, no docente, estudiantil, con mayoría estudiantil y claustro único docente.

- No a los pactos corporativos.

- Por un movimiento estudiantil independiente de las camarillas profesorales.

¿Cómo luchar para derrotar a la LES?

La Franja Morada, dirección hegemónica del movimiento estudiantil desde la dictadura hasta finales de los ’90, fue un ejemplo de como moldear las organizaciones del movimiento estudiantil a imagen y semejanza del proyecto burgués mercantilista para la educación superior. Su vinculación orgánica con el sector mayoritario de lo más encumbrado de la elite profesoral los hizo participar de sus beneficios.

Coherentes con esta situación se encargaron de vaciar de cualquier contenido las organizaciones estudiantiles convirtiéndolas en centros de servicios. Las fotocopiadoras, los bares, el turismo estudiantil eran algunos de los rubros más relevantes cuya gestión se proponían plebiscitar una vez al año en las elecciones. Las ganancias asociadas a los diferentes espacios sirvieron para rentar un aparato nacional acorde al “espíritu de época” sellando una verdadera identidad de intereses entre las camarillas profesorales gobernantes de la universidad y dirección estudiantil.

En este marco fue que en la lucha del ’95 contra la sanción de la LES, que incluyó piquetes estudiantiles para impedir que los diputados sancionen la ley, tomas activas como la de 17 días en la universidad del Comhue, cientos de estudiantes apedreando el Parlamento, marchas a la comisarías y juzgados para liberar a los estudiantes detenidos, y movilizaciones de miles en todo el país, la Franja Morada logró que se impusiera su política de “consensuar” la ley con el gobierno en el parlamento.

Hoy las camarillas gobernantes que concentran rentas privilegiadas y el poder político en la universidad, junto con el Banco Mundial y la burguesía local intentan avanzar en la aplicación de la LES. Para esto cuentan con la venia del gobierno Kirchner y su secretario de políticas universitarias, Pugliese, que apuestan a mantener el “statu quo” de la Universidad de la LES dejando actuar a “la mano invisible” del mercado, o a lo sumo haciendo alguna reforma menor para mantener las apariencias.

La Franja Morada, continuando con su política del ’95, hoy presenta en el parlamento su proyecto de reforma cosmética de la LES queriéndonos hacer repetir la experiencia del ’95. En esta política no está sola la Franja Morada. La CEPA, junto con cómplices de la destrucción de la educación pública como Marta Maffei entre otros diputados burgueses, de la mano del presidente de la UNLP, el radical Aspiazu, la rectora sobischista Pechén y el reconvertido decano Salgado de la UNCo, reunidos en el “Foro Educativo”, preparan su propia reforma bajo el lema: “cambiar algo para que nada cambie”.

Luchemos por la Anulación de la LES

Debemos decir claramente quienes aspiran a reformar la LES no buscan más que “cambiar algo para que nada cambie” en la Universidad, es decir: conservar la universidad actual tal cual es. En el caso de la derogación esta sólo permite detener el avance de la LES pero no desandar el largo camino recorrido durante una década.

Hoy el único camino para dar por tierra con la decadencia de la universidad pública es pelear por la Anulación de la LES. Esto es, no solo detener su marcha privatista y elitizante, sino eliminar de una vez por todas su nefastos legado de títulos de grado devaluados, posgrados pagos, carreras moldeadas por las grandes empresas, poder de camarillas, prebendas, etc.

Contra las estrategias que proponen reformas cosméticas para volver a llevar al movimiento estudiantil a la encerrona del ‘95 tenemos que luchar por Anular la LES e imponer un Congreso Constituyente Universitario Nacional con mayoría estudiantil y elección directa de los delegados donde participen las organizaciones combativas del movimiento obrero y popular que termine de una vez por todas con la decadente universidad de la LES y siente las bases de una universidad al servicio de los trabajadores y el pueblo.

Construir Centros y Federaciones militantes

Frente a este panorama, a diferencia del ’95 en el movimiento estudiantil se han fortalecido federaciones independientes de la Franja como la FUC, y recuperado importantes federaciones como la FUBA y FUP.

Sin embargo, aún no ha habido una ruptura radical con el legado de la Franja Morada, reflejado en los aspectos de continuidad que se mantienen de los Centros y Federaciones moldeados por la Franja, y por ende funcionales a la Universidad de la LES contra la que nos proponemos luchar… y esta vez triunfar.

En este sentido, el caso paradigmático dentro de las federaciones recuperadas es la Federación Universitaria de Buenos Aires, dirigida por el Frente 20 de diciembre (PO, MST, Evet, Patria Libre) desde finales de 2001 que aún mantiene la monstruosa estructura de “centros de servicios” heredada de la Franja, donde mediante las ganancias del aparato de fotocopiadoras más grande del país, el del CBC, mantiene una estructura de decenas de militantes rentados.

Este empeño en mantener las fotocopiadoras contrasta con la poca iniciativa para impulsar instancias democráticas de autoorganización estudiantil como asambleas y cuerpos de delegados. Sin ir más lejos los congresos realizados por la Federación, a excepción de uno en el 2003, no se han diferenciado en nada de los que organizaba la Franja Morada donde la única discusión consiste en la rosca de los cargos y las fechas de convocatoria oscilan entre navidad y año nuevo. En este sentido es preocupante que el año pasado y hasta la fecha ni siquiera haya habido un “congreso” de estas características, ni siquiera una fecha cierta de convocatoria.

Es necesario dar la voz de alarma, no podemos derrotar verdaderamente a la LES sin romper totalmente con las formas organizativas de las que la Franja se valió para llevar a la derrota la lucha del `95. Es fundamental transformar las Federaciones arrancadas a la Franja en verdaderas Federaciones militantes que sean herramientas políticas de lucha del movimiento estudiantil. Para esto es necesaria la separación de los espacios de gestión (como fotocopiadoras, bares, etc.) de la dirección política de las mismas. Las agrupaciones que las dirigen no deben tener ningún militante rentado en los aparatos de gestión, ya que estas rentas representan el fundamento material de una actitud conservadora frente a los “centros de servicios” creados por la Franja.

Desde En Clave Roja venimos dando esta batalla tanto desde la presidencia del Centro de Filosofía de Córdoba, como dentro el frente Oktubre en la presidencia del Centro de Estudiantes de Ciencias Sociales de la UBA. En este último nos enfrentamos con la oposición de PO, MST, y otros compañeros que en la asamblea de la facultad votaron en contra de separar los espacios de gestión de la dirección política y de abandonar sus cargos rentados en las fotocopiadoras, cuestión que efectivizamos en lo que hace a nuestra agrupación.

Para construir Centros y Federaciones militantes tenemos que partir de lo más avanzado que dio el movimiento estudiantil en este sentido, desde la Interfacultades del ’99 que intentó disputarle a la Franja Morada la dirección del movimiento estudiantil mediante la autoorganización y la coordinación desde las bases de las diferentes facultades, o más recientemente la Interfacultades del Comahue que permitió el año pasado obtener una importante victoria del movimiento estudiantil de la UNCo frente a la camarilla de la rectora Pechén.

Desde el movimiento estudiantil tenemos que tomar el ejemplo de los trabajadores del Subte, de LAFSA, del Garraham, que protagonizaron recientes luchas. Como están demostrando los trabajadores, la organización desde las bases en cuerpos de delegados es el único mecanismo para sostener luchas duras como la necesaria para la anulación de la LES. Para la cual tendremos que derrotar a la burocracia estudiantil de la Franja, y a todas las agrupaciones que representan a los partidos patronales en la universidad que querrán llevarnos a la derrota como en el ‘95.

Para refundar las organizaciones del movimiento estudiantil desterrando todos los vestigios de burocratismo y clientelismo heredados de la Franja es necesario que las direcciones actuales de las federaciones universitarias, empezando por las que participarán del Encuentro de Estudiantes del 21 de abril organicen Congresos Estatuyentes en todas las Federaciones con delegados elegidos en asambleas por facultad.

Es necesario que el Encuentro de Estudiantes de un primer paso en este sentido creando una mesa nacional de Centros, Federaciones y agrupaciones para darle continuidad, cuya tarea principal sea organizar un próximo encuentro con delegados por facultad elegidos en asamblea.

Romper con el abstencionismo ideológico

La contrapartida ideológica de los centros de servicios moldeados por la Franja, fue el vaciamiento ideológico del movimiento estudiantil al que concebían como apéndice de las camarillas profesorales que eran las que legítimamente debían hacer ideología. El movimiento estudiantil era llamado a “tomar apuntes” y contentarse con la “democracia a secas” con la que supuestamente se “comía, se curaba, y se educaba”. Las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001 representaron un gran revés para esta ideología, que sin embargo sigue siendo mayoritaria en el movimiento estudiantil.

Tampoco en este aspecto se ha avanzado aún frente al legado del radicalismo, todavía ningún Centro o Federación ha intentado romper con esta tradición que ya lleva más de dos décadas. En este sentido tenemos ejemplos históricos como la editorial EUDECOR fundada a mediados de los ’60 por la Federación Universitaria de Córdoba que emprendió la publicación de libros de autores marxistas para fomentar el debate de ideas frente la ideología del gorilismo oficial.

Desde su surgimiento En Clave Roja combate desde el marxismo revolucionario tanto a la ideología oficial generada en la universidad que hace apología del orden capitalista como a sus variantes reformistas, por eso hacemos la Cátedra Libre Karl Marx desde hace 8 años en todo el país, la revista Lucha de Clases, e impulsamos el Instituto del Pensamiento Socialista “Karl Marx” recientemente fundado.

Es necesario que las organizaciones del movimiento estudiantil abandonen el abstencionismo en esta batalla. Tenemos que impulsar desde cada Centro y Federación revistas de debate contra la ideología burguesa de las universidades. A su vez, contra la proscripción del “mercado editorial”, las organizaciones del movimiento estudiantil, como en la FUC en los ’60, tienen que tomar en sus manos la tarea de reedición económica de las obras de los autores socialistas que la academia veta.

Forjar la unidad obrero-estudiantil, pelear por un pacto Obrero-Universitario

En esto el movimiento estudiantil, a diferencia del ’95, tiene hoy un gran punto de apoyo: el movimiento obrero que sale a la lucha. Desde finales del año pasado con la lucha de los trabajadores del subterráneo, que logró un importante triunfo e impuso un piso de $1600 para al reclamo salarial, las luchas obreras se suceden sin solución de continuidad. Recientemente la lucha del Hospital Garrahan, de los trabajadores de LAFSA, en la capital; de los docentes en Salta; en el Gran Buenos Aires los obreros Astillero Río Santiago y los trabajadores de la salud, estos últimos también en lucha en Neuquén; en Chubut, la durísima lucha de los pesqueros. A su vez, los nuevos sectores que salen a la lucha se encuentran con bastiones de la vanguardia obrera que siguen protagonizando luchas ejemplares como los trabajadores de cerámica Zanon.

Como denominador común en estas luchas, vemos a un movimiento obrero que se autoorganiza frente a la burocracia (tanto de la CGT como de la CTA), en cuerpos de delegados y asambleas, y comienza a dar pasos históricos en la coordinación como el Encuentro Obrero realizado el 2 de abril en Buenos Aires, la huelga solidaria del Subte por LAFSA y el Garraham, o el reciente acto unitario del 1º de mayo pasado.

A esto se suma en la universidad la lucha que vienen protagonizando la CONADU y la CONADU histórica con el paro escalonado cuya exitosa primera jornada demostró la predisposición a la lucha de los docentes universitarios.

Estos no son hechos menores, la clase obrera que sale a lucha debe ser el principal aliado del movimiento estudiantil en la lucha contra la Universidad de las grandes patronales, de la elitización y la ideología de mercado y por la defensa de una educación pública, gratuita y de alto nivel científico contra las camarillas profesorales que concentran las prebendas y los cargos en la universidad. Un indicio de esta unidad se dio en la reciente lucha del Comahue donde los obreros de Zanon acompañaron a los estudiantes a la sesión del Consejo Superior en la que se impuso la votación contra las acreditaciones en la CONEAU.

Al mismo tiempo es necesario, y por eso luchamos desde En Clave ROJA, que una fracción del movimiento estudiantil se una a la lucha de la clase obrera contra los patrones, el gobierno y el imperialismo, en el camino de la lucha anticapitalista por una sociedad sin explotados ni explotadores. En este camino, luchamos por forjar un verdadero Pacto Obrero Universitario con las organizaciones combativas y democráticas de los trabajadores, para poner todos los recursos científicos, intelectuales y materiales, al servicio de desarrollar la lucha independiente y revolucionaria de la clase trabajadora.

A 10 años de la promulgación de la LES, queremos dejar bien en claro que luchamos por profundizar el camino de unidad entre el movimiento estudiantil y las auspiciosas luchas obreras que vemos día a día. Queremos retomar las banderas de la unidad obrero-estudiantil del Mayo francés y del Cordobazo, empezando por rodear de solidaridad las luchas que está dando el movimiento obrero, y llegando a organizar acciones y conquistar organismos comunes para luchar contra el “capitalismo en serio” de Kirchner, que se construye sobre la devaluación del salario obrero, la esclavitud capitalista, y la entrega nacional al imperialismo.

- Por la Anulación de de la LES

- Luchemos por una universidad al servicio de los trabajadores y el pueblo

Agrupación Nacional Universitaria

En Clave ROJA

(PTS-independientes)

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