ANTE LA REFORMA DEL PLAN DE ESTUDIOS EN COMUNICACIÓN UBA – PARTE I

Ante la propuesta realizada por la dirección de la carrera para la reforma del plan de estudios. ¡Organicemos el debate desde los cursos¡ ¡Masifiquemos y democraticemos la discusión!

 

La dirección de la carrera de Comunicación (NEXO) comenzó días atrás a difundir una propuesta para la reforma del plan de estudios. Sólo basta recordar que el plan actual está vigente desde el año 1990 para darse cuenta que es más que necesario que discutamos acerca de la necesaria reforma de nuestro plan.

En estos más de 20 años el campo de la comunicación junto con la realidad nacional e internacional ha cambiado de forma considerable por lo que la carrera se debe un debate sobre los fundamentos de la misma y la orientación política, ideológica y académica sobre los cuales se propone avanzar. A la vez es importante que discutamos al servicio de qué intereses debe pensarse nuestra formación y qué tipo de profesionales queremos ser.

Desde la Juventud del PTS, como parte de la mayoría estudiantil de la carrera, tomamos el guante y nos metemos en esta importante discusión, pero no sin antes realizar una serie de aclaraciones que nos parece relevante destacar.

Sobre la reforma del plan

La reforma de nuestro plan de estudios es un tema muy sentido por todos los estudiantes de la carrera, por lo que nos parece que este debate debería darse de cara al conjunto de la comunidad académica, apostando a que se abra un proceso democrático que garantice la participación masiva de docentes y estudiantes. Para esto creemos necesario organizar la discusión “desde abajo”, empezando por los cursos que es donde están los miles de estudiantes y cientos de docentes interesados en dar esta discusión.

Hasta el día de hoy todo el debate se ha limitado al “Espacio Abierto para la reforma del plan de estudio” – impulsado por la dirección kirchnerista de NEXO y avalado por todas las agrupaciones K y la UES – que durante todo el año contó con una bajísima concurrencia en general, y la casi nula asistencia por parte de los estudiantes en particular. Su convocatoria en días y horarios arbitrarios no contribuyó a generar la necesaria participación estudiantil. Ahora, de un día para el otro, la dirección presentó una propuesta de reforma, de la cual los estudiantes no fuimos protagonistas.

Durante el año, tanto en el “Espacio Abierto” como en las sesiones de la Junta, hemos insistido con llevar la discusión a todos los cursos como también en organizar “Jornadas Abiertas Interclaustros” con receso de clase para garantizar la asistencia y participación masiva de todos los estudiantes y que de esta manera podamos dar nuestras opiniones, ante lo cual nos encontramos siempre con la negativa por parte de la dirección de NEXO.

¿Por qué es importante profundizar el debate sobre la democratización?

En Sociales hace sólo unas semanas se votó de forma escandalosa y antidemocrática la reforma del plan de estudios de Trabajo Social. La misma fue impulsada por la dirección kirchnerista de esa carrera (Agrupación Lucía Cullen) quienes codirigen la Facultad con Nexo (dirección de carrera de Comunicación) y avalada por el Consejo Directivo. En Trabajo Social, contra la voluntad de la mayor parte de los estudiantes, aprobaron una reforma que alinea los contenidos académicos a la política del gobierno nacional. En varias Juntas de Comunicación, como parte de la mayoría estudiantil, presentamos nuestra preocupación y repudio al accionar antidemocrático de la dirección de Trabajo Social que decidió pasando por encima de la opinión mayoritaria de los estudiantes. La dirección de nuestra carrera no sólo rechazó nuestros planteos sino que defendió en declaraciones públicas a la dirección de Trabajo Social. Este hecho nos parece un peligroso antecedente para emprender un proceso democrático en nuestra carrera sobre la reforma de nuestro plan de estudios.

¿Cuál es el problema de fondo? Resulta que a la hora de la votación, quienes tienen la decisión en sus manos son las Juntas de Carrera y el Consejo Directivo, ambos órganos abiertamente antidemocráticos que funcionan con el sistema tripartito de claustros (estudiantes, docentes y graduados) pero que no es para nada igualitario, donde el voto de un docente o graduado vale decenas de veces más que el de un estudiante, y encima en esos organismos estamos subrepresentados. Para graficar esta situación tiramos un ejemplo: la Junta actual de Comunicación se compone con 5 consejeros por cada claustro, haciendo un total de 15 consejeros. El claustro de graduados cuenta con 5 consejeros que responden a la agrupación kirchnerista NEXO, que fueron electos por tan sólo 328 votos; mientras que nosotros en las últimas elecciones obtuvimos 1941 votos por parte de los estudiantes y contamos sólo con 3 consejeros estudiantiles. ¿Es acaso democrático que 328 votos valgan a 5 consejeros para los graduados, y 1941 valgan sólo a 3 para los estudiantes? Un ejemplo vale más que mil palabras…

Desde la mayoría estudiantil y la Juventud del PTS, creemos que es fundamental que el debate sobre la reforma sea acompañado de un cuestionamiento profundo a los mecanismos “feudales” y antidemocráticos con el que funcionan las Juntas y el Consejo para que nadie decida por nosotros y avancemos en un proceso de discusión de la reforma con protagonismo estudiantil en el debate pero también en las decisiones. Por eso es necesario impulsar un proceso de democratización de la carrera, que termine con la subrepresentación estudiantil y que refleje proporcionalmente la abrumadora mayoría de los miles de estudiantes que somos. En este sentido, creemos que el proceso de reforma debe darse “al revés” de como se está llevando a cabo: tenemos que impulsar la discusión en todos los teóricos y comisiones, exponiendo todos los debates, organizándonos con delegados por cursos que funcionen como “voceros” de las distintas opiniones que surjan para garantizar que se escuche nuestra voz en el proceso de reforma, y que la Junta avale a los delegados a la hora de tomar decisiones.

¿Comunicadores para qué y al servicio de quién?

La reforma del plan de estudios no debe ser sólo una readecuación de las materias troncales y de orientación que hoy componen la carrera, si no que lo que está en juego es qué tipo de profesionales queremos ser y sobre todo al servicio de quién va a estar nuestra formación. Contra cualquier visión de formar profesionales al servicio de los grandes medios privados y/o públicos (que en la actualidad son medios gubernamentales), entendemos que nuestra pelea debe ser por una carrera que apueste a debatir el rol de la comunicación, ligado a la crítica y a la transformación de nuestra sociedad. En este sentido debemos ser los estudiantes, quienes por medio de la autoorganización con delegados por cursos, plenarios abiertos y asambleas, seamos los que decidamos sobre el rumbo de nuestra formación. Este importante debate lo profundizaremos en una próxima nota desde la mayoría estudiantil.

Juventud del PTS – Mayoría Estudiantil en la Junta de Carrera

Boletín de Ciencia de la Comunicación UBA de la Juventud del PTS

La ley de medios y el 7D: ¿Una pelea por la ampliación de la libertad de expresión?

Salió El fantasma de la libertad. Revista marxista de arte y cultura

Mucha niebla en “El Mirador” (debate con el PO)

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Nota del LVO del jueves 25/10

En el último periódico del PO salió publicada una nota (¿nueva sección?) bajo la firma de Alejandro Lipcovich, presidente de la FUBA y dirigente de la UJS-PO, titulada “Mirador de la izquierda” en la que se habla de todo un poco o un poco de todo, sin profundizar ni un poquito en nada. El autor pretende discutir “al paso” temas como el motín de los gendarmes y prefectos, la política hacia la burocracia sindical opositora y hasta las formaciones internacionales de nuestras corrientes. Pero tenemos que admitir que de tamaña superficialidad emerge mucho contenido, aunque no muy de izquierda que digamos.

Así, como si nada, la dirección del PO cuestiona ahí la obvia posición del PTS en cuanto a que las fuerzas represivas (policía, gendarmería, prefectura) “no son integrantes de la clase obrera ni de sus aliados, sino parte del aparato represivo”, con el siguiente razonamiento (¿razonamiento?…): “Lo mismo debería valer para el Parlamento y la Justicia, que dictan las leyes y dan las órdenes que ejecutan los aparatos de represión –lo cual no ha impedido que la izquierda participe en ellos-” (SIC, subrayado nuestro). No nos dimos cuenta, pero algo pasó para que alguien que se reclama marxista de pronto derrape así…

Mientras tanto afirmar sin más que la izquierda puede “participar”, manteniendo su carácter revolucionario, de un “aparato de represión” (del Estado capitalista), no resiste la menor análisis. Al menos decimos nosotros desde la Juventud del PTS: No en nuestro nombre. Nunca.

Pero, sí sí. Hay más. De paso cañazo, bajo el subtítulo “CRCI” el PO aprovecha este “Mirador” para seguir intentando tapar con una mano el bosque, para no dar una explicación de la notable y notoria inactividad de esa ¿existente? “organización”, desde que se inició esta histórica crisis del capitalismo mundial.

La Biblia y el calefón

Según los compañeros de PO a partir de ahora para los militantes revolucionarios daría lo mismo presentarse a elecciones para conquistar una bancada obrera para ser utilizada como tribuna de denuncia al Estado burgués y fomentar la movilización extraparlamentaria de la clase obrera, que inscribirse en la escuela de policía Juan Vucetich para servir como fuerza de choque de ese Estado burgués contra la clase obrera. Como dijera Capusotto: ‘¡no no no no! ¡cuidate, querete!’.

El pacifismo democratizante de querer comparar un diputado que actúa en el Parlamento como “tribuno del pueblo”, con un represor, deviene de una completa incomprensión o ignorancia del antagonismo de clase, de la función que cumplen los policías y gendarmes al servicio del capital y de la función que podría cumplir un diputado obrero al servicio de la revolución social, independientemente del origen de clase de uno u otro.

Lo mismo va con la Justicia. ¿Está adelantando el PO que va a postular abogados en el Consejo de la Magistratura para intentar asumir como jueces? ¿Desde cuándo la izquierda “participa” con funcionarios -jueces, secretarios, pro-secretarios- en el Poder Judicial? Tampoco en nuestro nombre. Se nos ocurre entonces que estará hablando de los trabajadores judiciales. Pero… no saber diferenciar a funcionarios que dirigen el aparato estatal, y por lo tanto son capitalistas, de los trabajadores es como decir que los banqueros son lo mismo que los bancarios. No, no.

Por suerte, pese a compartir (en forma un tanto vergonzante) las inauditas posturas de sus ex compañeros del grupo académico de Filo “Razón y Revolución”, no llegan al colmo de poner un signo igual entre un policía y trabajador estatal o un docente (lo que llevaría al absurdo de sostener que a Carlos Fuentealba lo asesinó un ‘hermano de clase’, Darío Poblete, en un enfrentamiento entre trabajadores, un fraticidio…). Paremos, por favor, porque del ridículo no se vuelve.

Qué lástima que Lipcovich y los compañeros de la UJS-PO se negaron a presentar esta posición en las recientes elecciones universitarias, una postura cercana a sus aliados del PCR y el MST en varias facultades. Hubiera sido muy bueno discutirla de cara a todos los estudiantes de izquierda…


¿Acuerdos no, candidaturas sí?

En otra nota de Prensa Obrera titulada “La izquierda frente al desbarajuste nacional”, Jorge Altamira hace una valoración de-mo-le-do-ra del FIT: “el Frente de Izquierda está paralizado por los acontecimientos, incluso va a la rastra de ellos y hasta lo hace con yapa, porque no acierta en adoptar una posición común frente a ninguno de los episodios políticos de los últimos meses y, lo que es mucho peor, no se advierte un propósito de clarificar las diferencias de caracterizaciones y tácticas con vistas a reivindicar y destacar su objetivo estratégico, que es convertir la política nacional en una lucha de clases y avanzar hacia un gobierno de trabajadores”. ¡Durísimo! Pero el párrafo no termina ahí. Sin mediar siquiera un punto y aparte Altamira continúa semejante relato catastrófico con “El Frente de Izquierda debería tener a corto plazo su definición político-programática electoral y su lista de candidatos” (SIC). Bien sabemos que el método de la dialéctica no suprime la lógica formal, sino que la incorpora y la supera. Pero este párrafo no pasa la prueba ni del sentido común. “No coincidimos en nada de nada, pero definamos ya los candidatos”. ¿Cuáles serían entonces las bases programáticas comunes más que generalidades que no tuvieran nada que ver con la realidad sobre la que actuamos? ¿Postular candidatos al servicio de qué política?

Pareciera que para el PO como el aire es gratis se puede decir cualquier cosa. De un “congreso para fundar un partido común” a que los integrantes del FIT “no acertamos en tener ninguna posición común frente a los episodios políticos” y, por lo tanto, “elijamos candidatos ya…”. Pues bien. No estaría mal, estaría bueno, que compañeros como Altamira en vez de este electoralismo febril paralizante, propusieran algo serio para que podamos dirimir fraternalmente las no pocas diferencias que tenemos entre las fuerzas que conformamos el FIT. Junto a debatir las diferencias, deberíamos explorar toda posibilidad de acuerdos frente a los acontecimientos de la realidad política nacional y la lucha de clases.

Analizando el Página/12 de hoy.

*El post de hoy; una colaboración de Leni Rodriguez.

Dejemos de lado su rol como usina de argumentos para el boletín oficial. Pensemos por un momento en la posibilidad que el progresismo pequeño burgués defiende la ampliación de derechos. Pensemos en el general, y en la exclusividad de los niños y niñas, a la hora de los privilegios. Brindemos un guiño piadoso a quienes como pueden, con los medios que tienen, denuncian y difunden problemáticas como la violencia de género (en todo su crisol), la violación a derechos humanos, o el atropello y desprecio por los pueblos originarios. También en la ley de medios. Es que Clarín es más malo. Maticemos, no pueden ser todos unas mierdas. Ser K y trabajar en Página/12, no debería significar mierda.

En tantas ocasiones ablandé el ojo. Ese ojo que se acostumbra a la lógica de que siempre hay algo peor, y se enchina sonriendo ante un atisbo de coherencia en algún pasquín. Y en P/12 despunta de tanto en tanto una nota “reenviable” por la positiva.

Esta no tiene firma. El pequeño burgués no es imbécil. Y voy a ablandar el ojo para pensar que se negó alguno, alguna, a firmarla. Pensar que en la tradición que evocan algunos periodistas, quede algún tipo de “ternura”, en el sentido que el “Che” expresaba. No importa si estos son blandos, ojalá les flote algo de aquello.

Veremos qué hacen. El contenido de la nota que sigue merece un rechazo categórico por parte de todo el plantel del diario. Y este repudio, merece la firma de los que solo firman lo políticamente correcto. De no ser así, efectivamente, todos son unas mierdas.

Supongo conocerán los hechos que relata la nota. Una niña de 11 o 12 años, abusada sexualmente por el padrastro (pésimo además enmarcarlo en “violación”, ya que el abuso implica una situación crónica y prolongada de violencia, donde puede o no haber penetración de cualquier índole  Mientras la violación refiere a hechos repentinos, aislados y  “violentos”. Haya penetración de cualquier índole, o no. Pasa que son tan grotescos, que asocian penetración a violación, y abuso a “manoseo”). Abusador y víctima pertenecen al pueblo Wichi. El abuso cristalizó en embarazo. Se denunció el caso. La justicia salteña alegó “costumbre de las comunidades” para anular el procesamiento del victimario. Página/12 da crédito a este oportunismo judicial a lo largo de toda su nota.
Varios y varias dirigentes indígenas levantaron la voz en repudio a la adjudicación de “pautas culturales” tales como la legitimidad de la relación entre niñas de 11 años y adultos de 28. Entre ellas Octorina Zamora, también Wichi. P/12, y la justicia, construyen un ideario sobre la cultura indígena cuya única función es la de mantener la relación de opresión del Estado sobre distintos pueblos, pero también la opresión de género. Inmortalizan rasgos sociales y culturales, relegando a esos pueblos a la ahistoricidad absoluta. Lo más patético, es que inmortalizan “pautas” que no tienen ,ni por cerca, idea si existieron. Se siguen arrogando, todos estos progresistas estúpidos, la solvencia de su conocimiento y su buena fe, como elementos de legitimidad.
La justicia, en ningún punto del país, alega “razones culturales” cuando, como los qom, se corta la ruta y se defiende el  territorio. Ahí no existe el derecho indígena , no existe el respeto por sus “valores y prácticas”. Pero si, claro que si, existe ante un caso de violencia de genero y abuso sexual infantil. Machista es la legalidad burguesa, y sus defensores. No sabemos que tipo de prácticas tenían los Wichis hace 500 años. Si sabemos que prácticas tenían los burgueses europeos y los católicos.
Y también sabemos, que los Qom (y no pongamos signo igual entre qom y wichi) veían con absoluta naturalidad el aborto hasta que en  los 40 llego la iglesia pentecostal. Me gustaría ver algún tribunal autorizar un aborto en una comunidad Qom, alegando razones culturales… poco factible.
Ahora sí, la nota en cuestión;
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SOCIEDAD › UN WICHI DETENIDO POR LO QUE EN SU COMUNIDAD ES UNA NORMA

La cultura impuesta

Lo acusaban de violar a su hijastra, pero la comunidad lo defiende. Sostienen que puede tener pareja con la hija y la madre.

Un caso judicial suscitado en una comunidad wichí de la provincia de Salta generó un debate académico, jurídico y ético. En 2005 un hombre de 28 años, miembro de una población de esa etnia próxima a Tartagal, fue detenido, acusado de la violación de su hijastra, una chica de menos de 13 años que estaba embarazada. La comunidad aborigen salió en su defensa, aduciendo que, de acuerdo con sus pautas culturales, se admite el matrimonio de un hombre con dos mujeres, y que en esa comunidad se considera que las chicas, a partir de la menstruación, están en condiciones de elegir compañero sexual. El acusado estuvo preso durante siete años y medio, hasta hace unos pocos meses, y el juicio oral no llegó a concretarse. Una antropóloga de la UBA, dedicada a los derechos indígenas, sostuvo que el acusado “había tenido una actitud de responsabilidad y protección hacia la madre y la hija” y que “en esa comunidad, el hecho de que aceptara a las dos implicaba que tenía capacidad para sostener dos familias nucleares”. Una abogada, profesora de Derechos de los Pueblos Originarios, sostuvo que en el proceso judicial “se dieron por supuestas las normas de la cultura occidental dominante” y que “la noción de un Estado intercultural es desconocida por los jueces”. En cambio, un juez con experticia en cuestiones de abuso sexual infantil sostuvo que “wichí o no wichí deben aceptar la Convención de los Derechos del Niño, por la cual se es niño hasta que se cumplen los 18 años” y advirtió que “cuando se acepta el abuso por provenir de una determinada cultura, esto es inmediatamente transferido a la normalización de otras situaciones de abuso” (ver nota aparte).

A mediados de 2005, la directora de la escuela a la que concurría Estela Tejerina denunció que la niña se hallaba embarazada de su padrastro, llamado José Fabián Ruiz o, según su nombre wichí, Qa’tu. Este, a su vez, convivía con Teodora Tejerina, madre de Estela, en la comunidad wichí Hoktek T’oi, de Lapacho Mocho, a 18 kilómetros de Tartagal, provincia de Salta. Qa’tu fue detenido por “violación calificada y abuso con acceso carnal”. Permaneció preso siete años y medio, hasta julio de 2012, cuando fue excarcelado sin perjuicio de la sustanciación del juicio oral, que sin embargo quedó postergado sin fecha.

El caso fue tematizado en el documental Culturas distantes, de Ulises Rosell, que se emitió como capítulo del programa Pueblos originarios, en Canal Encuentro. Y, hace unos días, fue motivo de la charla-debate “Figuras penales y normas indígenas”, que se efectuó en la Universidad de Palermo. Una de las participantes, la antropóloga Morita Carrasco –doctora en Filosofía del Derecho y directora del proyecto Ubacyt “Aboriginalidad, provincias y nación: reconfiguraciones contemporáneas de las estrategias y demandas indígenas por la implementación de sus derechos”– sostuvo que “cuando la directora de la escuela se presentó ante el juez, Teodora, la madre de Estela, trató de explicar que, en su comunidad, una chica es mujer desde que tiene su primera menstruación. Roque, el líder de esa comunidad, insistía en que no se los había consultado. Hubiera sido preferible que el sistema jurídico se acercara a las autoridades indígenas para ver cómo definían ellas esta situación. Yo hablé con distintos líderes comunitarios y fueron categóricos en que no fueron consultados y en que ellos tienen formas de solución cuando se presentan conflictos. Claro que en este caso no existió conflicto en la comunidad”.

En el documental de Rosell, interviene John Palmer, antropólogo norteamericano que vino a estudiar a los wichí y terminó integrado a su cultura; vive en esa comunidad, en pareja con una mujer de la etnia con la que tiene cuatro hijos; el propio Rosell filmó sobre la vida de Palmer el documental El etnógrafo, recientemente estrenado. En Culturas distantes, Palmer señala que “entre los wichí, “lo que para nosotros es un adolescente, para ellos es un adulto”; y “las parejas sexuales se establecen por iniciativa de la mujer; si un hombre toma la iniciativa, se está comportando como una mujer y eso no es aceptado”.

“Teodora y su hija Estela vivían en una comunidad montaraz, en el monte –continuó Carrasco–; habían ido a Lapacho Mocho en busca de la protección que da la familia. En esa comunidad, el hecho de que Qa’tu aceptara a las dos implicaba que tenía suficiente capacidad para sostener dos familias nucleares. Qa’tu era a su vez hijo de un hombre muy sabio, un chamán que tenía la sabiduría del conocimiento mágico como para guiar a la comunidad. El padre de Qa’tu murió cuando él estaba en la cárcel.”

Carrasco destacó que “Qa’tu había tenido una actitud de responsabilidad y de protección hacia la madre y la hija. El problema se generó cuando se llevaron detenido a Qa’tu. No entendían por qué. Durante un tiempo iban a visitarlo en la cárcel, hasta que dejaron de hacerlo: era muy lejos, no tenían dinero y para ellos era un mundo completamente extraño. En definitiva, consideraron que Qa’tu estaba como muerto e hicieron lo que hacen cuando alguien muere: quemaron la casa donde vivía. También de acuerdo con una práctica comunitaria, Florentino, hermano de Qa’tu, se casó con Estela”.

Silvina Ramírez, quien también participó en el encuentro de la Universidad de Palermo, es profesora de Derecho Constitucional y de Derechos de los Pueblos Originarios y Neoconstitucionalismo en la Facultad de Derecho de la UBA: sostuvo que “en la detención de Qa’tu, no se respetaron las normas de su cultura y se dieron por supuestas las de la cultura dominante, la occidental”; afirmó que “ante las comunidades indígenas, el Estado nacional actúa en forma discriminadora, racista y excluyente”, y estimó que “la noción de un Estado intercultural es desconocida por los jueces, pese a que el artículo 75 de la Constitución nacional sostiene la preexistencia de los pueblos originarios, establecida también en la Convención 169 de la OIT, que rige en la Argentina, y en la Declaración de Naciones Unidas sobre Derechos de los Pueblos Indígenas, de 2007”.

Ramírez insistió en que “el principio de igualdad requiere respetar las diferencias y, en el Derecho Penal, se han generado mecanismos para ello: por ejemplo, pericias antropológicas para orientar al juez sobre las particularidades de una cultura; también pericias hechas por las propias autoridades indígenas, miembros de la comunidad de la que se trata. Y, sin duda, es necesario apelar a intérpretes: muchas veces el indígena no sabe por qué se lo está juzgando. En el caso de Qa’tu, en la comunidad había una gran perplejidad: simplemente no entendían por qué estaba en la cárcel”.

El papel de la mujer

Por Ludmila

Opresión, violencia de género, machismo, trata, cosificación. Distintas expresiones que se enraízan en los mismos orígenes y que son constantemente reproducidas por la sociedad en que vivimos. Quizás uno de los aspectos más graves tiene que ver con que estas cuestiones se institucionalizan y legitiman y, a partir de esto, comienzan a verse como “naturales”. Las víctimas no son otras que todas aquellas obligadas a vivir en situación de prostitución, incluyendo a mujeres transexuales y travestis. Ya sean sometidas a este nefasto negocio, a la situación de calle, a la exclusión del mercado de trabajo o a la esclavitud laboral a través de las mafiosas redes de trata, se convierten en una parte un poco tabú del paisaje de la urbe, ni si quiera tan escandalosa como para que los habituales transeúntes se detengan a reflexionar sobre su situación.

Así, Buenos Aires se suma a las muchas ciudades a lo ancho del mundo en que los hombres son seres-humanos y las mujeres seres-objetos. Es miércoles 7 de julio y sobre Florida, casi en la esquina con Suipacha, hay cantidad de papeles pegados sobre las paredes que muestran imágenes de mujeres desnudas, acompañadas por números de teléfono a la espera de ser discados para coordinar casi secretamente encuentros sexuales arancelados, presentadas como cualquier producto, objeto o mercancía que alguien podría publicar y poner en venta.

Sus cuerpos no les pertenecen a ellas mismas sino a sus maridos, a las tareas domésticas, a las fábricas y talleres textiles, al Estado, a la Iglesia, a los medios, al mercado. La igualdad de género no es más que ilusoria, los derechos básicos conseguidos con sangre a lo largo de muchos años ponen paños fríos a las condiciones en que “el otro sexo” vive su vida, producto del sometimiento y la opresión, pero de ninguna manera reconocen a las mujeres en toda su plenitud, libertades e igualdad con respecto del hombre.

En nuestras calles abundan los ejemplos. Trabajadoras a quienes se les asignan las peores labores, o que reciben salarios más bajos que los hombres por la misma tarea y que al final de la jornada deben continuar trabajando en su casa, para su marido, ocupándose de sus hijos. Mujeres que mueren día a día por abortos clandestinos. Discriminación constante, insultos que en su dimensión genérica llevan impresos la huella del machismo. Reproducción y masificación a través de los medios, que toman y utilizan a la mujer como única protagonista en publicidades de productos de limpieza, como especialistas en tareas manuales o de cocina y como simples ornamentos y artículos de decoración en medio de hombres que son quienes “hacen” a esos medios. Papeles pegados en Florida y Suipacha que no muestran a mujeres, porque nadie sabe quienes son, no hay personas detrás de los cuerpos que las imágenes ofrecen con ligereza para todos aquellos compradores que deseen efectivizar la transacción marcando los números secretamente en sus teléfonos.

Como en todo negocio, como en toda cuestión de intereses, hay fuerzas que sostienen su funcionamiento. En este miércoles 7 de julio un hombre se detiene en aquella esquina y alguna de estas reflexiones pasa por su mente con atropello. Lo piensa, están al alcance de su mano. De un momento a otro se decide y con vehemencia comienza a arrancar uno por uno aquellos papeles pegatinados en la pared. Los seres-objetos, los cuerpos impersonalizados, los números de teléfono se arrugan unos con otros en las manos de aquel hombre. Pero por supuesto las fuerzas coercitivas existen. Cuando el régimen de opresión y sometimiento se le va de las manos al Estado, es la fuerza pública la encargada de devolver el orden. Cuando son intereses particulares aquellos que no pueden sostener este sistema, la tarea de restitución es delegada a fuerzas privadas, a capataces, a maridos golpeadores o a una patota compuesta por cinco hombres que se acerca a la esquina de Florida y Suipacha al advertir lo que aquel sujeto está haciendo.

Sin darse cuenta de lo que sucede ni de quienes se aproximan, el hombre continúa plantado en la esquina porteña rasgando y arrancando cada papel, hasta el momento en que la patota desfila a su lado y se para detrás de él con un aire amenazador. Qué hace, le preguntan, y lo insultan. El hombre no deja ni una sola imagen pegada allí, pero todas vuelan por los aires y aterrizan en la vereda cuando el primer golpe es atestado en el estómago de su portador. Los golpes continúan, los papeles se vuelan con el viento, la gente mira, el hombre empieza a sangrar por la boca.

Los minutos pasan y la agresión sólo cesa en el momento en que se agrupan varios comerciantes de la zona. Les dicen que paren, intentan separarlos de su víctima. Son cada vez más los que se acercan y consiguen intervenir en la golpiza. La patota se aleja satisfecha, pero no sin seguir insultando y amenazando al hombre a viva voz. Alguien llama a una ambulancia y aquellos comerciantes intentan socorrer al herido de alguna forma. Ya casi no quedan papeles en la esquina, el viento se llevó consigo a la mayoría.

Poco a poco Florida y Suipacha se va descongestionando, el hombre es llevado al hospital, los papeles desaparecen, los comerciantes vuelven a sus locales, los peatones siguen transitando en su urgencia cotidiana. Un pequeño acto de algunas personas que representa una cierta intransigencia latente a la sociedad machista. Un grupo de personas que después de un pequeño desliz regresa a la situación de normalidad, a la reproducción y legitimación diarias del papel que día a día le es dado a la mujer.

Preguntas represivas

 

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En los últimos días, a la luz del acuartelamiento de un sector del aparato represivo por demandas económicas y de mejoras en las condiciones de trabajo, un sector de la izquierda (la sojera principalmente, pero lamentablemente también el Po) insiste con la necesidad de sindicalizar a los ratis, cobanis, gorras y todo tipo de represores pagos.

A la luz de una nota que está en estos momentos en los diarios, que muestran como a pesar de su acuartelamiento esta gente no deja de reprimir (se ve que les gusta nomas) me surgieron un par de preguntas en el almuerzo:

¿Si se sindicaliza a los milicos y reprimen la protesta de otro gremio, esto se transforma en una disputa intersidical?

¿Si el sindicato de “Cobanis y afines” lo gana un sector “combativo”, eso quiere decir que van a aumentar las represiones?

¿Si el día de mañana los genocidas se sindicalizan, va a haber una disputa de encuadramiento por ver en qué sindicato quedan?

¿Las mejores condiciones de trabajo que piden los ratis, son mejores camiones hidrantes, picanas y gases lacrimógenos?

¿Si se sindicaliza a los represores, tendríamos que salir a luchar contra la tercerización laboral y que pasen a Convenio a las bandas para-militares como la AAA?

Si a esto le agregamos como ejemplo los policías de Italia que esta sindicalizada pero se ha cansado de reprimir jóvenes y trabajadores en toda la historia de ese país, dejando mártires a la lucha anticapitalista como Carlo Giuliani (al que Ska-P le dedico un gran tema) la pregunta mas coherente debe ser ¿es posible reformar la policía y demás fuerzas del aparato represivo?

Para una respuesta seria se recomienda no buscar soluciones en periódicos de la izquierda “chop-suey”.  Por eso les dejamos la nota del compañero Crivaro.