Mil y un razones para conocer el legado de León Trotsky


…comenzando por venir al Acto “Trtosky vive en nuestras luchas”, que realiza la Juventud del PTS este viernes a las 19hs en el Auditorio de Sociales-Constitución, donde hablarán referentes como Claudio Dellecarbonara -delegado de la línea B del Subte-, Christian Castillo, además de trabajadores y estudiantes revolucionarios.

En realidad, no voy a dar mil razones –pasa que necesitaba un titulo marketinero que capte la atención del lector-, tampoco cincuenta, tan solo algunas apostillas. Simplemente, hago el ejercicio de pasar en limpio algunas cuestiones que llaman mi atención alrededor de la figura de Trotsky. Ah, el corte es arbitrario y deja muchísimos aspectos afuera, pero son cosas que -como trotskista- despiertan mi entusiasmo, reafirman mis convicciones y me invitan a contagiarlos.

– Como no sentirse conmovido cuando -a 72 años de su asesinato en manos de un sicario estalinista- estamos hablando de quien dirigió,  junto a Lenin, una de las revoluciones más grandes de todos los tiempos, que dirigió el Ejercito Rojo de esclavos insurrectos, obreros y campesinos que resistieron y derrotaron el avance de 14 ejércitos imperialistas juntos. La pasión inquebrantable de quien hizo una revolución, que sin embargo luego le fue expropiada por una burocracia (que se fortalecía con las derrotas del proletariado de occidente), y siguió dando la pelea: le expropiaron su revolución, lo persiguieron por todos los rincones, lo deportaron, aniquilaron a sus camaradas (incluso a su hijo y compañero) y financiaron sicarios para que atenten contra él. Pero nada ni nadie pudo apagar la llama, la confianza inquebrantable en la clase obrera, en el futuro de la humanidad. Para dimensionar, pensemos cuántos se bajaron del barco antes por muchísimo menos. Trotsky, no.

– Con la CIA y la KGB en contra, siguió dando la pelea, a pluma y espada, hasta el último segundo; fundó la IV Internacional, el Partido de la Revolución Mundial, tras una Tercera Internacional burocratizada, que había dejado de ser revolucionaria. Dotó al proletariado de un Programa de Transición, además de hacer aportes sustanciales a la Teoría Marxista como el desarrollo de la concepción de la revolución permanente y el papel dirigente de la clase obrera en los procesos históricos de los países con economías atrasadas.  Aportó conceptos claves para pensar la revolución en los países del “Tercer mundo”, como el desarrollo desigual y combinado, el bonapartismo sui generis, y la posición del proletariado frente a la última carta que se juegan siempre las burguesías decadentes; los cantos de sirena del Frente Popular.

– Fue el fundador de una corriente de pensamiento y sentimiento (el trotskismo) con ideas  tan poderosas y peligrosas que a sus seguidores, el estalinismo los deportaba por miles en los campos de concentración (los gulags). Ahí, los trotskistas habían sido apodados por sus propios verdugos como “los irreductibles” porque no cantaban, no se rendían ni aún rendidos, no se detenían ni dejaban de enfrentar al estalinismo, aún en las condiciones más adversas. Como flores en el pantano, quebraban el aislamiento y ganaban nuevos adeptos. Como nos cuenta Pierre Broué, en Los trotkistas en la URSS: A mediados de 1937, luego del triunfo de una huelga en los campos dirigida por los “irreductibles”, que duró más de 130 días, los militantes y simpatizantes de la Oposición de Izquierda fueron confinados en construcciones aparte, rodeados de alambrados de púas y controlados militarmente. A partir de marzo de 1938, 35 militantes fueron ametrallados. Las ejecuciones se llevaron a cabo de la misma manera, día tras día, durante dos meses. Lo mismo sucedió en el campo de Pechora y otros.

– Si será poderoso su legado, que lo quisieron borrar de la historia de las formas más burdas -como hizo el estalinismo, incluso recortándolo de las fotos-, hasta otras más sofisticadas como las que vemos actualmente en la academia burguesa. Y no solo que no pudieron, si no que acá estamos.

– Con su sensibildiad a flor de piel, entendió desde joven la justeza, el grito de reparación histórica que había en el odio de los oprimidos. Como nos cuenta Hernán Aragón en esta hermosa nota  que recomiendo: “Yo miraba fijamente, – escribió sobre sus primeros años en la escuela secundaria – con total confianza y curiosidad, a todos aquellos con los que me encontraba. Pero de golpe, un gran muchacho delgado, de unos trece años –que venía probablemente de un taller, ya que llevaba en la mano un objeto de chapa–, se detuvo delante del resplandeciente “realista”, echó la cabeza hacia atrás, tosió ruidosamente y lanzó un grueso escupitajo sobre mi blusa nueva; me miró despectivamente y, sin decir una palabra, siguió su camino. ¿Qué es lo que lo impulsaba a actuar así? Ahora, lo veo claramente: un muchacho desprovisto de todo, con la camisa harapienta, los pies sólo cubiertos con fajas, obligado a hacer los sucios encargos de sus patrones, mientras que los niños de los señores, presumían con sus bellos trajes de escolares… Y el niño había descargado sobre mí su sentimiento de protesta social”. De ahí en adelante, se preocupó por darle bases científicas y una dirección adecuada a toda esa potencia insurgente.

-Como me contaba Jorge, un joven obrero de la fábrica Aqualic de Neuquén, en una de las entrevistas que hicimos para cubrir para el Suple de la Juventud del PTS lo que fue la Conferencia Nacional de Trabajadores en junio: “Cuando la burocracia me estaba pateando en el piso y me decía ´trotskista hijo de puta, te vamos a matar´, eso me llevó a preguntarme qué es ser trotskista, y darme cuenta de que compartía un montón de cuestiones aún sin saberlo con la ideología de Trotsky. Un trotskista es el que no tranza, el que no negocia”. Jorge salió de un duro conflicto en la fábrica -viendo como actúan la patronal, la burocracia, la policía y el ministerio- sacando la interesante conclusión de que él era y quería ser trotsksita. Hace cuatro meses milita en el PTS.

– Los límites materiales que padece la clase obrera y la humanidad toda en el capitalismo, con su reino de la desigualdad y las necesidades insatisfechas, son el principal freno al desarrollo pleno de la conciencia, el intelecto y la creatividad humana. Una topadora que no permite darle rienda suelta, libertad sin limite al cerebro y a las pasiones, para poner en pié un arte jamás visto. Trotsky también escribió sobre estas cuestiones, por ejemplo en Literatura y revolución (en 1924, donde defiende la total libertad para el arte: “Es fundamentalmente erróneo oponer una cultura y un arte proletario a la cultura y el arte burgueses. La cultura y el arte proletario es temporal y transitorio. Nuestra revolución debe su importancia histórica y su grandeza moral al hecho de que construye los cimientos de una sociedad sin clases y de la primera cultura auténticamente universal”) o corrigiendo y haciendo aportes sustanciales al Manifiesto por un Arte Revolucionario e Independiente , que escribieron Bretón y Andrés Rivera.

– Porque aparte de avisar, no traicionó. Fue el impulsor de la única corriente que entendió que defender al Estado Obrero, era dar la lucha contra la burocracia que lo parasitaba, usando como arma la extensión de la revolución mundial, que tanto Stalin como los imperios de occidente boicoteaban. E hipotetizo una predicción histórica quirúrgica: o el proletariado barre a la burocracia, o esa misma burocracia irá convierténdose en una clase explotadora y terminará por restaurar el capitalismo.
Hay una graciosa película hollywoodense, protagonizada por Brendan Fraser y Alicia Silverstone, que se llama “Buscando a Eva” (recomiéndola, para noche de pochoclo y sensibilería barata). Cuenta la historia de una familia yanqui que en plena crisis de los misiles (1962) y paranoia de la Guerra Fría, se meten a vivir en un refugio nuclear blindado por miedo a un bombardeo ruso. Cuando se quedan sin comida, 35 años después, Adam –el hijo de la familia, que prácticamente había vivido toda su vida en el refugio- tiene la misión de “salir al mundo” para buscar provisiones. En un momento, se encuentra con una persona y le pregunta qué pasó con la Unión Soviética, a lo que el otro le responde algo así como: “Nada, no existe más. Se juntaron un día todos, firmaron un papel y se hicieron capitalistas”. Adam, atónito, no puede creer que la gran potencia soviética haya abandonado el comunismo por decisión de su casta gobernante, sin que haya habido ni medio bombardeo de EEUU. Con el diario del lunes -así cualquiera-, el guionista hace un chiste con las predicciones que León Trotsky había hecho medio siglo atrás. Lo podemos ver en estos párrafos del libro La Revolución Traicionada:
Para comprender mejor el carácter social de la URSS de hoy, formulemos dos hipótesis para el futuro. Supongamos que la burocracia soviética es arrojada del poder por un partido revolucionario que tenga todas las cualidades del viejo partido bolchevique; y que, además, esté enriquecido con la experiencia mundial de los últimos tiempos. Este partido comenzaría por restablecer la democracia en los sindicatos y en los soviets. Podría y debería restablecer la libertad de los partidos soviéticos. Con las masas, a la cabeza de las masas, procedería a una limpieza implacable de los servicios del Estado; aboliría los grados, las condecoraciones, los privilegios, y restringiría la desigualdad en la retribución del trabajo, en la medida que lo permitieran la economía y el Estado. Daría a la juventud la posibilidad de pensar libremente, de aprender, de criticar, en una palabra, de formarse. Introduciría profundas modificaciones en el reparto de la renta nacional, conforme a la voluntad de las masas obreros y campesinas. No tendría que recurrir a medidas revolucionarias en materia de propiedad. Continuaría y ahondaría la experiencia de la economía planificada. Después de la revolución política, después de la caída de la burocracia, el proletariado realizaría en la economía importantísimas reformas sin que necesitara una nueva revolución social. 
Si, por el contrario, un partido burgués derribara a la casta soviética dirigente, encontraría no pocos servidores entre los burócratas actuales, los técnicos, los directores, los secretarios del partido y los dirigentes en general. Una depuración de los servicios del Estado también se impondría en este caso; pero la restauración burguesa tendría que deshacerse de menos gente que un partido revolucionario. El objetivo principal del nuevo poder sería restablecer la propiedad privada de los medios de producción. Ante todo, debería dar la posibilidad de formar granjeros fuertes a partir de granjas colectivas débiles, y transformar a los koljoses fuertes en cooperativas de producción de tipo burgués o en sociedades anónimas agrícolas. En la industria, la desnacionalización comenzaría por las empresas de la industria ligera y las de alimentación. En los primeros momentos, el plan se reduciría a compromisos entre el poder y las “corporaciones”, es decir, los capitanes de la industria soviética, sus propietarios potenciales, los antiguos propietarios emigrados y los capitalistas extranjeros. Aunque la burocracia soviética haya hecho mucho por la restauración burguesa, el nuevo régimen se vería obligado a llevar a cabo, en el régimen de la propiedad y el modo de gestión, una verdadera revolución y no una simple reforma. 
Sin embargo, admitamos que ni el partido revolucionario ni el contrarrevolucionario se adueñen del poder. La burocracia continúa a la cabeza del Estado. La evolución de las relaciones sociales no cesa. Es evidente que no puede pensarse que la burocracia abdicará en favor de la igualdad socialista. Ya desde ahora se ha visto obligada, a pesar de los inconvenientes que esto presenta, a restablecer los grados y las condecoraciones; en el futuro, será inevitable que busque apoyo en las relaciones de propiedad. Probablemente se objetará que poco importan al funcionario elevado las formas de propiedad de las que obtiene sus ingresos. Esto es ignorar la inestabilidad de los derechos de la burocracia y el problema de su descendencia. El reciente culto de la familia soviética no ha caído del cielo. Los privilegios, que no se pueden legar a los hijos pierden la mitad de su valor; y el derecho de testar es inseparable del derecho de la propiedad. No basta ser director de trust, hay que ser accionista. La victoria de la burocracia en ese sector decisivo crearía una nueva clase poseedora. Por el contrario, la victoria del proletariado sobre la burocracia señalaría el renacimiento de la revolución socialista. La tercera hipótesis nos conduce así, a las dos primeras, que citamos primero para mayor claridad y simplicidad.”

Esas son solo algunas de las cosas que me llamaron la atención de la vida de Trotsky, de su legado, de lo que significa ser -o al menos intentar- ser trotskista. Pero propongo parar acá, abrir el juego y que el lector sume algún episodio, apostilla histórica, o pensamiento que le haya generado la figura de León Trotsky. Digo, como para interactuar. Y, si no, la seguimos el viernes en el Acto.

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Un pensamiento en “Mil y un razones para conocer el legado de León Trotsky

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