La Era del (des)hielo.. Una visión Marxista del “problema del medio ambiente”

*por @Palo Milla

Nuevamente en medio de las noticias por la enorme lucha que están dando en España, con los mineros a la cabeza, contra los ajustes del gobierno para descargar la crisis sobre los trabajadores y el pueblo, aparece también como noticia algo que nos quieren hacer creer nada tiene que ver con lo anterior: el desprendimiento de un iceberg de Groenlandia de 150 km cuadrados.

Hay que partir del hecho de que sólo 2,5% del agua del mundo es potable, es decir dulce, y de ese porcentaje casi dos tercios se encuentra en los glaciares del mundo. El iceberg que se desprendió esta girando sin rumbo por el océano y mientras desde la NASA se encargan de decir que no hay nada de qué preocuparse, científicos del mundo aseguran que por el calentamiento global su derretimiento lento (y sin determinación temporal) subiría el nivel del mar 7 metros.

Un informe de la Organización Mundial de la Salud afirma que “dos de cada tres personas en el mundo, principalmente las que se localicen en zonas subdesarrolladas, sufrirán carencias de agua en 2025, a menos que se tomen medidas drásticas”. Esto tiene una causa sencilla, potabilizar el agua es caro, demasiado,y evitar la contaminación de las napas y reservas acuíferas encarece el costo de la producción, y bajo ninguna circunstancia sacrificarían una porción de sus millonarias ganancias capitalistas.

Una de las reservas de agua dulce más importantes del mundo, el Acuífero Guaraní, una reserva subterránea que cubre 1.190.000 kilómetros cuadrados, de los cuales 225 mil se encuentran a territorio argentino, mientras que 70% del mismo está en territorio brasileño. La contaminación que sufre día a día pone en riesgo su potabilidad y salinidad, por lo que se transformaría en inutilizable.

Las grandes patronales, tanto de los respectivos países como internacionales, son responsables directas de la contaminación, son las mismas que con la megaminería saquean los territorios latinoamericanos contaminando poblaciones enteras. Son ellas, con complicidad de todos los gobiernos quienes destruyen la biodiversidad y las reservas del mundo, a costa de la calidad y la vida de millones de personas para ahorrarse los “costos” de una producción que no destruya el medio ambiente.

Son los mismos organismos internacionales los que admiten que los que pagan las consecuencias son los más pobres de todo el mundo, desde el Chaco hasta la India hay miles de casos de chicos con enfermedades provocadas por la falta de agua potable y la contaminación. Han llegado a advertir del peligro de que el agua sea un “derecho para los ricos” e incluso de las posibilidades de extraer agua de Latinoamérica para abastecer Europa.

En el protocolo de Kioto, adoptado en 1997 por países de todo el mundo, se comprometen cínicamente a reducir las emisiones de gases tóxicos en un 5%, para llegar a niveles similares a los de 1990, antes del 2013. No cabe duda que esto está lejos de cumplirse, aun siendo un desafío ínfimo en comparación con las necesidades. Para colmo, Estados unidos, principal emisor mundial de esos gases, se retiró del acuerdo, ya que, firmarlo implicaría perjudicar la rentabilidad de su producción.

Muchas organizaciones ecologistas estadounidenses y de todo el mundo plantean como solución formas de producción “eco friendly”, energías alternativas, la eliminación doméstica del uso de productos que generen daño a la capa de ozono, etc. Sin embargo la realidad es que el 99% de la contaminación del agua es consecuencia de las grandes empresas; que dos tercios de los gases tóxicos liberados a la capa de ozono son emitidos por el mismo Imperio Yanqui; que las energías alternativas existen hace ya tiempo, pero el capitalismo jamás emprenderá ninguna medida que tenga le genere costo y no le sea económicamente rentable, sin importar cuántas vidas se salven.

Estos movimientos sociales, de carácter nacional o internacional que luchan contra la megaminería, la sojización destructora de tierras, la contaminación ambiental, etc. presentan un límite al tomar cada reivindicación de forma individual, “diluyéndose en la reivindicación en sí, sin dañar realmente al sistema del capital”, perdiendo de vista el motivo profundo de estos reclamos, que no es otro que la relación capital- trabajo, condicionante y estructuradora de toda relación en este sistema.

Se apela, en la mayoría de los casos al Estado como garante de derechos, sin ver su carácter de clase y por tanto sin plantear una alternativa real que brinde una solución de fondo a estos problemas. La única forma de evitar la contaminación del medio ambiente, de evitar la perdida de las reservas mundiales, es terminar con este sistema de explotación, es eliminar de raíz el que unos pocos sean los dueños de los medios de producción a nivel mundial y destruyan todo en su camino por aumentar sus ganancias capitalistas. Lo que necesitamos es pensar la economía del mundo de conjunto, desarrollarla en función de las necesidades del total de la sociedad incluyendo el cuidado del planeta.

Esta es una solución definitiva y tarea ambiciosa que tenemos que proponernos ya que como individuos, nuestro mayor aporte a la protección del medio ambiente y a la subsistencia de la humanidad misma, no puede ser otra cosa que aliarnos con los más explotados, con quienes sufren las consecuencias de este sistema cotidianamente, quienes pagan con sus cuerpos y su salud las secuelas de la crisis. La salida es aliarnos a la clase trabajadora, la poseedora del potencial de un cambio profundo, la que maneja en los hechos la producción, y puede por tanto plantear una alternativa, como bien lo está demostrando la heroica lucha de los mineros españoles, a este sistema de explotación del hombre por el hombre y hacia el medio ambiente.

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