Contra el rectorado y el cinismo de los deKanos

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Ayer publicamos la Carta Publica de Eduardo Gruner con motivo de los despidos encubiertos que están sucediendo en la UBA. Hoy se hace su presentación en Los Sospechosos SolGCh, continuando con el tema con esta nota también publicada en La Verdad Obrera de hoy.

 Paremos la cesantía de más de 650 docentes

El rectorado pretende cesantear como mínimo a 650 docentes. El cinismo es tal, que mientras mantiene sin concursar miles de cargos docentes argumenta que los despidos serían para posibilitar  una “renovación”. Eso sí, no tiene problemas en sostener junto con decanas como Cervone en psicología a personajes como Casalla, parte del “Grupo Reconquista” ligado a la Triple A y denunciado por el secuestro de un docente en Salta.

Por su parte, los decanos kirchneristas como Caletti o Trinchero hacen uso del doble discurso: por un lado dicen oponerse a las cesantías a través de declaraciones, y por otro, son “soldados”  de Cristina  que licua el presupuesto universitario a través de la inflación, que es lo que justamente Hallú usa de excusa para el ajuste.

El progresismo k demuestra que intereses defiende: en filo, Trinchero se niega a denunciar Proyecto X, en Sociales Caletti junto con La Cullen pretende pasar en Trabajo Social una reforma del plan de estudios para subordinar la carrera al proyecto kirchnerista y comparte junto a Barbieri de Económicas el Consejo Económico y Social de la Ciudad de Buenos Aires con Gerardo Martinez quien fuera miembro del nefasto Batallón 601 de inteligencia.

Todas las camarillas universitarias confluyen en ser parte de una casta compuesta por sectores principalmente peronistas-oficialistas y radicales que dirige la UBA y se lleva fortunas: casi $ 4,6 millones al años se van en cuantiosos sueldos a 22 funcionarios (rector, vicerrector, decanos y secretarios) mientras hay más de 10 mil docentes ad honorem.

Esos mismos funcionarios son los encargados de mantener los negocios con las empresas y generar los famosos “recursos propios”. Los más de 1400 convenios que generó la UBA en los últimos 9 años con empresas privadas como Ledesma, Toyota, Kraft, etc.. además del financiamiento a través de posgrados pagos y los contenidos que pretende controlar la CONEAU,  dan cuenta de que la UBA está al servicio del Mercado.

Frente a este régimen, peleamos por una universidad al servicio de los trabajadores y el pueblo pobre. Para barrer definitivamente con este orden estamos por la Anulación de la LES votada bajo el menemismo y sostenida por el kirchnerismo durante estos 9 años y por la democratización de los órganos de gobierno de la UBA. Por la abolición del claustro de graduados, por el claustro único docente, voz y voto para los no docentes y por la mayoría estudiantil en todos los órganos, por la elección directa 1 persona=1 voto para directores de carrera y por que el sueldo de los funcionarios sea igual al de un docente con dedicación exclusiva.

No está demás recordar al cumplirse ya 10 años, el camino que emprendimos en 2002 en Sociología, el de la elección directa de la que participamos más de 1200 estudiantes que dio lugar a que Christian Castillo sea electo director de la carrera, donde se avanzó en la discusión de los planes de estudio y en abolir las diferencias estamentales resolviendo en asambleas interclaustros y organizándonos junto a las luchas de los trabajadores y sectores populares.

El movimiento estudiantil ha sido protagonista de grandes gestas uniendo su destino al de la clase obrera como el Cordobazo o el Mayo Francés. La prédica de la casta profesoral que para mantener sus privilegios argumenta que los estudiantes “saben menos”, deja velada la verdad: que el derecho a ejercer el “demos” no es una función académica sino política.

Hoy los diarios publican las escandalosas denuncias por los sueldos de funcionarios y los ataques a docentes en la UBA. Hace 10 años estas denuncias en boca de la izquierda peleaban las páginas de los matutinos en defensa del proceso de “las directas”, contra las acusaciones encolerizadas de profesores como Leonardo Moledo y otros.

Para luchar contra las cesantías y pelar contra los intereses del rectorado y el gobierno nacional, para retomar el camino de la democratización y la transformación de la universidad al servicio de los trabajadores llamamos a las conducciones de los centros de estudiantes a impulsar asambleas para votar un plan de lucha y convocar a la unidad con los docentes en asambleas interclaustros.

Desde la Juventud del PTS nos solidarizamos con los docentes afectados y convocamos al acto del 08/06 a las 19hs en el hall de Constitución. La lucha contra las cesantías es una oportunidad para poner en pie un movimiento de toda la universidad (docentes, estudiantes y no docentes) para poder defender la educación publica y por la democratización.

Carta pública a (todos) los miembros de la UBA

Reproducimos la siguiente carta pública escrita por Eduardo Grüner como parte de la campaña por el reclamo para que el Rectorado cumpla con el derecho a opción y como un aporte al debate más general sobre la UBA.

Eduardo Grüner

Compañeros, colegas, amigos, conocidos, “público en general”:

El conflicto por los horriblemente llamados “jubilables” de la UBA podría estar alcanzando en las próximas semanas un punto culminante. Ya ha habido notas en los medios, programas de radio, circulan solicitadas y petitorios, hay miles de firmas en solidaridad con los afectados, y el 8 de junio se está preparando un gran acto bajo el formato de “clase magistral” a cargo de algunos / as afectados / as, deseablemente con presencia de los medios y de legisladores que votaron la Ley 26508 del año 2009, y que el rectorado desobedece con argumentos francamente deleznables.

Todo esto, sin embargo, con ser mucho, todavía no es suficiente. Ni siquiera todos los afectados, menos aún todos los miembros de la comunidad universitaria, no digamos ya la sociedad argentina en general –que es la que sostiene a la UBA con sus impuestos-, tiene una idea acabada de lo que se está jugando, de la ferocidad inaudita de esta embestida contra la mayor casa de educación superior del país (y probablemente del mundo: sí, del mundo , puesto que con nuestros 320 000 estudiantes ya somos más grandes que la UNAM, que tiene 14 veces más presupuesto que la UBA). La posible “liquidación”, por medio de una acción ilegal, de alrededor de 650 docentes de todas las categorías es una amenaza que de ninguna manera pierde su vigencia por el hecho de que sus designaciones hayan sido precariamente renovadas hasta el 31 de julio. Más bien al contrario, esta “renovación” se vuelve harto sospechosa justamente porque ha trascendido la promesa “extraoficial” de que luego se extenderá hasta el 31 de diciembre (y no al 31 de marzo, como es la costumbre académica): ¿por qué entonces no hacerla directamente hasta esa fecha (lo cual de todos modos sería improcedente, pues debería hacerse al menos por cinco años más)? ¿se está especulando con un “retroceso” motivado en nuevas “esperanzas” que permita seguir con las acciones? En todo caso, es un método que bien puede calificarse de sembrador de terror: crea incertidumbre, nadie está seguro de si le va a tocar o no, etcétera. Y no son solamente los mayores de 65 años los que de pronto han sido sumidos en ese túnel de inseguridad: ya los que hoy tienen 63 o 64 tienen que ir poniendo “las barbas en remojo”.

Sea como sea, de lo que se trata es de un gigantesco ajuste , no solamente económico, sino integral. Ya sería suficientemente catastrófico que se lograra echar (porque eso es lo que es: un despido sin preaviso ni indemnización, disfrazado de “jubilación” forzada e –insistamos en esto- ilegal ) a la “materia gris” más probada y de mayor experiencia de la Universidad, hombres y mujeres en plena actividad productiva en los campos de la enseñanza, la investigación, la extensión y la transferencia de saberes de todo tipo, la publicación de libros y artículos, y a la cual se la maltrata y humilla de la manera más desconsiderada haciéndole saber vía Banelco que no existe más para la Universidad, después de haber servido lealmente a la UBA durante décadas, y sin considerar la situación particular de tantos de ellos / as que por la propia historia del país de la cual fueron víctimas (exilio, imposibilidad de trabajar durante la dictadura) no ha podido sumar los años de aporte necesarios para recibir una jubilación digna, o que aún sumándolos, y creyéndose “amparados” por una Ley (votada por unanimidad del Congreso de la Nación en 2009), no ha iniciado sus trámites de jubilación, con lo cual de un día para el otro y sorpresivamente se los deja en la calle en el más pleno desamparo –situación doblemente grave en las facultades “no profesionalistas” donde la mayoría de los afectados vive exclusivamente de la docencia-. Hasta la peor de las empresas privadas está legalmente obligada a dar un mes de preaviso y la indemnización correspondiente al empleado que despide.  La UBA, evidentemente, no.

Pero aún al margen de tales consideraciones “humanitarias”, esta política intempestiva atenta de manera brutal contra la normalidad del trabajo académico en general. Significa  el desmantelamiento de cátedras enteras, de equipos de investigación, de  colectivos de producción científica e intelectual en todos los campos del conocimiento. Vale decir: no se trata tan sólo de los directamente golpeados, lo que ya sería suficientemente grave. Es toda la comunidad universitaria (docentes y estudiantes), es toda la práctica vinculada a la creación de saber la que sufrirá un empobrecimiento desastroso.

Pero este es sólo un aspecto. Este “ajuste” viene a sumarse a los tantos otros “ajustes”permanentes con los que tenemos que convivir, y que en cierto modo hemos “naturalizado”: por ejemplo, la existencia de algo así como un 30 % de docentes de la UBA llamados ad honorem , que sostienen las “trincheras” de la enseñanza, y a los que se les hace el “honor” de permitirles trabajar sin cobrar un centavo (o sea, poniendo plata de su bolsillo para trasladarse, comprar libros y materiales y demás), en lo que significa de hecho un sistema de trabajo cuasi-esclavo; o la existencia, entre los que sí cobran un magro salario, de algo así como un 70 % de docentes “interinos”, no-concursados, vale decir “inestabilizados” por la desidia, el atraso o el desinterés (desinterés bien interesado , en muchos casos) en el llamado y sustanciación de los concursos (vale la pena recordar que uno de los argumentos contra los “jubilables” que sí están concursados es que sus concursos están vencidos, como si su no renovación fuera culpa de las víctimas).

Es decir: bastan estos datos rápidos para advertir que la UBA es hoy la institución estatal con el índice más alto de precariedad laboral en todos los sentidos. Algo que debería ser absolutamente intolerable que ocurriera en cualquier lado –sobre todo en épocas en que tanto se nos señala la “recuperación de derechos”-, y con mucha más razón para una institución consagrada a la formación científica, intelectual y cultural de miles y miles de jóvenes que constituyen, también se nos dice, el denominado “futuro de la nación”.

Sin embargo –seamos sinceros con nosotros mismos- en general lo estuvimos tolerando . Aunque tenemos nuestras agrupaciones gremiales, nuestros sindicatos y nuestros ámbitos de reunión colectiva, la propia dispersión de nuestra presencia física en las facultades (que en sí misma es una consecuencia del “ajuste permanente”, ya que nuestros edificios no cuentan con los espacios adecuados, en muchos casos ni siquiera los espacios adecuados para trabajar), sumado a que estamos obligados a correr de un lado a otro para juntar de manera dislocada el dinero para llegar a fin de mes, y a cierto “individualismo competitivo” característico de la naturaleza de nuestro trabajo –muchas veces solitario- ha provocado esa “naturalización” del desastre que estamos describiendo.

Pero estamos llegando, al mismo tiempo, al límite de lo soportable. Entendámonos, por favor: se trata de la UBA, un lugar al que muchos amamos sinceramente y le hemos dedicado una buena parte de nuestras vidas. La docencia no es un trabajo de oficina, burocrático, rutinario, donde marcamos el reloj a la entrada y la salida, y de puro tedio nos escapamos a tomar un cafecito cuando el jefe no mira. La docencia es para el docente (primario, secundario o universitario) su existencia misma . Lo que le pase a la UBA nos pasa a nosotros mismos , en nuestras cabezas y en nuestros cuerpos.

Entonces, ¿nuestras cabezas y nuestros cuerpos van a seguir fingiendo que todo esto es “normal”, que quizá tiene sus problemitas y sus molestias, pero nada que no suceda en cualquier trabajo? No, no podemos. Nuestra dignidad humana y la dignidad de la UBA como institución está en la picota.

La cuestión es, por otra parte, profundamente política , en el más alto y noble sentido de la palabra. Es hora, en la UBA y en todas partes, de devolverle a esa palabra toda su altura y su nobleza. De no permitir que se la bastardee para los intereses mezquinos de camarillas semiocultas e irresponsables, que producen estos verdaderos atentados, incluso contra el propio lenguaje. Por ejemplo, al invocar nada menos que la “autonomía” (esa gran conquista de la Reforma de 1918) para producir este “ajuste” salvaje contra las propias condiciones mínimas de trabajo en la institución para cuyo trabajo fue conquistada esa autonomía. Es, esa invocación, una obscenidad perversa.

La sociedad para la cual trabajamos, la que paga nuestros salarios, no se merece este tipo de afrentas. Es ya en este primer sentido que decimos que la cuestión es profundamente política: en el sentido de que la polis , la comunidad de los ciudadanos, es aquella ante la que debemos rendir cuentas, y es la que en su conjunto debe tomar riendas en el asunto. Pero para que eso sea posible, debemos empezar por informarla y convocarla.

Hay también otros sentidos más precisos y “concretos” en los que esta es una cuestión política. Otro de los argumentos “perversos” que se nos da es que los docentes “mayores” deberían dejar el lugar a los más jóvenes que vienen “empujando”.  O sea, encima de perjudicarlos abusivamente desconociendo el derecho que les otorga una Ley nacional que contempla la opción por cinco (cinco, no veinte) años más, se los acusa de “taponar” el ascenso de los jóvenes, así como de estar “reteniendo” salarios que podrían usarse para rentar a una parte de los ad honorem . El viejo truco de dividir para reinar. Pero –aparte de expresar una ideología canallescamente neoliberal basada en una competencia “generacional” por el acceso a los recursos escasos– este argumento mezquinamente “administrativista” no resiste el menor análisis de política académica racional: con la mayoría de las cátedras sobresaturadas de estudiantes y subdotadas en términos de recursos humanos (pocos auxiliares sobreexplotados trabajando en la precariedad que ya vimos), lo racional sería desdoblarlas, crear nuevas cátedras para las mismas materias, sustanciar concursos, así “haciendo lugar” para los docentes jóvenes, y al mismo tiempo respetando los derechos de los actualmente al frente de esas cátedras.

Por supuesto, ello implicaría la decisión política de pugnar por un sustantivo incremento de presupuesto para la UBA (cuyos recursos están atrasadísimos no solamente en términos salariales, sino infraestructurales, edilicios, etcétera), y esto es lo que la actual conducción de la UBA no está dispuesta a hacer, sustituyendo esa política justa por una verdadera “guerra del cerdo” contra los docentes “mayores”.

¿Por qué no está dispuesta a hacerlo (como tantas otras cosas que harían falta)? Esta es una segunda dimensión de política “precisa y concreta”. La conducción de la UBA es hoy una estrecha entente entre sectores cercanos al gobierno nacional, sectores de la UCR y sectores vinculados al PRO. Los que en el plano de la política nacional aparecen como adversarios irreconciliables conforman al interior de la UBA una bien coordinada SRL (Sociedad de Responsabilidad Limitadísima) cuya función principal, más allá de los posicionamientos políticos individuales, parece ser la de garantizar la autoreproducción in aeternum de ese círculo de poder, de una suerte de “oligocracia” superestructural ajena a la vida cotidiana, material y concreta de las “bases” (docentes, estudiantes, no-docentes) que sostienen el trabajo universitario día a día, hora tras hora.

Discutir a fondo cuestiones como la presupuestaria significaría, para este grupo, entrar en estado de potencial conflicto con el gobierno y los partidos o grupos políticos que los sostienen. Eso –que además implicaría una movilización masiva del conjunto de la comunidad universitaria en apoyo a los reclamos- no pueden permitírselo: pondría en riesgo aquella autoreproducción permanente y su aferramiento al poder. No es verdad que en la UBA haya hoy “democracia”. En los hechos es una ínfima minoría la que está en posición de tomar las decisiones importantes, ya que por ejemplo –en otra vuelta de esta espiral hecha de círculos viciosos- la inmensa mayoría constituida por los docentes “interinos” no tiene derecho a formar parte de los consejos directivos de las facultades sino a través de la muy discutible ficción de los “graduados”. Ni hablemos de un sistema de representación “indirecta” que permite un férreo control de los padrones electorales (y esa es una razón nada menor del “cajoneo” de los concursos, sean puros o de renovación), de tal modo que hace ya décadas que se llega a las Asambleas universitarias sin las potenciales sorpresas proporcionadas por un auténtico debate plural, sino con todo bien “atadito” por los cabildeos desarrollados entre unos pocos en los pasillos y las oficinas oscuras.

Hace ya mucho tiempo que se requiere imperiosamente de una transformación profunda de los estatutos de la UBA, y muy particularmente de sus formas de gobierno, una transformación orientada a otorgar una auténtica ciudadanía universal a todos sus miembros, incluso poniendo en discusión muchas características del sistema de “claustros”. Para decirlo sucintamente: en la UBA ya resulta indispensable una gran segunda Reforma Universitaria, que la ponga “al día” con la “democracia radical”. Desde ya: para hacer esto –para hacer algo que no significa ninguna extrema “revolución maximalista”, sino sencillamente poner a la UBA “dentro de la ley”, como cuando se le pide que simplemente acate la Ley 26509- va a haber que pelear; el anquilosamiento en el poder de la SRL es pétreo, y no va a ser fácil sacudirlo.

Finalmente, y ampliando el círculo, hay una responsabilidad política del Estado nacional que no puede ser soslayada. La autonomía de las universidades nacionales lo es por supuesto respecto del gobierno, de los partidos políticos, de las empresas y corporaciones privadas y demás. No puede serlo de ninguna manera respecto de la sociedad que la sostiene y para la cual, como ya hemos dicho, la Universidad trabaja. Por otra parte, la UBA no eseconómicamente autónoma: siendo estatal y gratuita –y esta es una condición que debe ser mantenida y defendida a rajatablas- depende financieramente del Estado nacional. Es también a él, y no solamente al gobierno de la UBA, al que hay que exigirle que se haga cargo racionalmente de su mantenimiento, su crecimiento y su adecuado funcionamiento. Así como es el Estado nacional el que debe garantizar –a través de los mecanismos judiciales y / o parlamentarios que correspondan- que una institución estatal como la UBA acate las leyes del Congreso y el Estado, como en el caso de la 26509. No se puede permitir que nada menos que la Universidad más grande de la Argentina (y probablemente del mundo, como decíamos) esté lisa y llanamente fuera de la ley .

Habría muchísimo más que discutir, incluso desde una perspectiva “filosófica” muy amplia. ¿Qué significa en la sociedad actual haber alcanzado la eufemísticamente llamada “tercera edad”? Por poner un ejemplo grosero, ¿significa lo mismo, digamos, para un trabajador minero o un peón rural sometido a intenso desgaste físico, que para un docente universitario o un intelectual en general, que en condiciones normales a esa edad conserva y aún puede acrecentar los recursos de su trabajo mental? El hecho de que el sistema capitalista global esté estructurado sobre una rígida e irracional división entre el trabajo “manual” y el “intelectual” –algo que además en las últimas décadas ha cambiado sustancialmente, por lo menos en las ramas más tecnificadas de la economía- ¿significa entonces que no debemos tomar en cuenta los efectos de esa diferencia, cuando al mismo tiempo nada hacemos para transformar de raíz ese sistema?

También podríamos discutir qué significa hoy producir intelectualmente dentro de una institución como la UBA. Desde luego, no es siempre imprescindible ser un universitario diplomado, o ser profesor universitario, para tener una producción intelectual crítica e interesante. Maquiavelo, Spinoza, Marx, Freud, jamás dieron clase en una universidad. A Walter Benjamin le fue rechazada su tesis de habilitación (que se transformaría en ese extraordinario libro titulado El Origen del Drama Barroco Alemán ) para la Universidad de Berlín. Entre nosotros, Jorge Luis Borges no alcanzó nunca el título universitario. Ahora bien: ¿pueden esos casos excepcionales ser tomados como ejemplos para negar que gran parte del mejor trabajo intelectual es desarrollado por quienes son también docentes universitarios, y lo es hasta mucho después de los famosos 65 años (en algún otro lado hemos citado casos canónicos como los de Claude Lévi-Strauss o Hans-Georg Gadamer, fallecidos respectivamente a los 101 y 104 años en pleno ejercicio de la docencia y la escritura; en la propia UBA podemos citar ejemplos recientes como los de David Viñas o León Rozitchner, ambos fallecidos a los casi 90 años en plena actividad)? Y que no se nos diga que los profesores “mayores” de la UBA pueden ser contratados o declarados consultos. En primer lugar, eso no soluciona el problema de los docentes mal llamados “auxiliares” que hace años y años que esperan sus concursos cuando han alcanzado su edad “provecta”. En segundo lugar, aún los profesores (titulares, asociados o adjuntos) son contratados o consultos con una renta paupérrima que en la mayoría de los casos se reduce a una dedicación “simple” sin consideración de la antigüedad. Es decir: volvemos al debate presupuestario y todas sus ramificaciones políticas que ya hemos enumerado.

Y de todas maneras, para volver a la pregunta: ¿qué significa realmente nuestro trabajo intelectual en la UBA? No es un secreto que el mismo está cada vez más constreñido por un sistema crecientemente “productivista”, tecnocrático y burocrático (“kafkiano” en el sentido vulgarizado del concepto) bajo el cual se termina “premiando” (es una manera de decir) con becas, subsidios e “incentivos” –otro eufemismo perverso para hablar de compensaciones “en negro” a los salarios insuficientes- se termina “premiando”, decíamos, la repetición o el reciclaje anodino y rutinario de siempre los mismos papers para congresos inconducentes o revistas “indexadas”, los resultados de enjundiosas investigaciones Ubacyt son sepultados en algún archivo mohoso al que nadie jamás tendrá acceso, mientras muchos que escriben voluminosos e importantísimos libros no reciben el más misérrimo “puntaje” con el cual engrosar su curriculum vitae .

En fin, ¿para qué abundar? Por donde le busquemos la vuelta, la conclusión es siempre, dramáticamente, la misma: la UBA está en franca crisis. Así, no da para más, y sólo puede retroceder hacia un tobogán de patética decadencia. Hemos llegado al punto en que se nos obliga a decir –con un lenguaje anacrónicamente reminiscente de la filosofía de las Luces del siglo XVIII- que este embate contra los “jubilables” es el síntoma de una política de barbarie, oscurantismo y sinrazón. No obstante, la UBA sigue siendo –casi exclusivamente por el trabajo apasionado y “a pulmón”, en las peores condiciones, de aquellos docentes, estudiantes y no-docentes que la siguen amando pese a todo- una de las dos o tres universidades más prestigiosas de América Latina. Es nuestra tarea defenderla, allí donde sus desautorizadas autoridades no lo están haciendo (y al contrario, consciente o inconscientemente están contribuyendo a su catástrofe).

Afortunadamente, la comunidad universitaria ha demostrado tener aún capacidad de reacción. El escándalo de los “jubilables” ha operado como el emergente de un malestar estructural que parece estar encontrando en ese pre-texto (en el mejor y estricto sentido del término) una vía para volver a poner en el tapete las cuestiones profundas de su malfuncionamiento. Más allá de que puedan “solucionarse” (ni siquiera sabemos bien qué querría decir esto) los injustos casos particulares, el actual “encrespamiento” de las aguas debería servir para ahondar en el debate de una buena vez, para “patear el tablero” en la más saludable de las acepciones de esa expresión.

La acción más inmediata que podemos realizar es la de aportar de todas las formas que se nos ocurra para hacer que el acto político-académico del 8 de junio sea, como dijimos, un acontecimiento multitudinario y radicalmente democrático de denuncia y reflexión crítica. Distribuyamos esta convocatoria entre todos nuestros amigos, colegas, conocidos, familiares, contactos personales, políticos, mediáticos o lo que fuere, tanto dentro como afuera de la UBA e incluso de los ámbitos educativos, ya que, repetimos, este debería ser un tema de interés general y urgente para toda la sociedad nacional y, si fuera posible, internacional. Pero además, el acto del 8 de junio debería ser tan solo un punto de partida. Si queremos aunque sea orientar el proceso hacia los problemas de fondo, deberemos seguir bregando más allá de él y continuadamente por los medios más intelectual y políticamente rigurosos y consecuentes, pero también los más creativos y plurales. ¿Conocemos artistas, escritores, grupos de teatro, cineastas, poetas, científicos, periodistas, músicos, diseñadores, bailarines, “graffiteros”, lo que sea? Activémoslos. Convoquémoslos a que, haciendo lo que mejor saben hacer, “inventen” modos múltiples de hacer llegar esta problemática y este debate al espacio público, por supuesto los universitarios, pero también las calles, las plazas, los medios de transporte, los lugares de trabajo y reunión.  Transformemos el debate sobre la UBA en una gran movilización de las más creativas energías sociales. Desde ya, hay infinidad de otras situaciones sociales, políticas y culturales que pueden ser tanto o más importantes que la crisis de la UBA. Pero ahora es esto lo que tenemos entre manos. Y es una causa más que justa, que seguramente sensibiliza a una sociedad que fácilmente y por excelentes razones puede sentirla como suya. No desperdiciemos la oportunidad de una discusión importante, bajo la consigna más general pero también más estricta posible: No a la destrucción de la UBA.

Sobre el ataque K y Morado a la FUBA, y la (no) defensa del PO y La Mella

…o de cómo una política burocrática y de frente popular lleva al inmovilismo a las organizaciones estudiantiles

En su edición dominical, Tiempo Argentino -uno de los tantos pasquines kirchneristas- se comporta de una manera tan parecida a “La Corpo” que hasta causa gracia, y no resistiría el menor análisis de las contradicciones, aún hecho al estilo burdo de 678 con todo su staff bajo efectos lisérgicos. En su nota titulada “La FUBA, sin autoridades y con denuncias”, utilizan la voz de kirchneristas y radicales para atacar la legitimidad de la conducción de la Federación (en manos del Partido Obrero, La Mella, el PCR y Libres del Sur), tras el Congreso que boicotearon juntitos.
Dice el consejero K Martín Clavell: “Hay un proyecto político que nos impulsa a transformar. Mientras la Federación está divorciada de la realidad del país y de la región, los hechos dicen que aumentó el presupuesto educativo, que se construyeron 1200 escuelas, que se incrementaron los salarios docentes, entre otros logros”. No hace falta más que irse en el mismo diario pero siete días atrás, para ver cuál es la política del kirchnerismo (en comunión con radicales) para desfinanciar la educación pública, mientras engordan como sapos sus burócratas a sueldo. En su nota titulada “UBA: $ 4,6 millones para la cúpula y nada a 10 mil docentes ad honorem”, dice: “Tiempo Argentino pudo comprobar que cada autoridad de la cúpula universitaria –22 personas, entre rector, vicerrector, decanos y secretarios– percibe un promedio de 200 mil pesos anuales en concepto de salario, mientras unos 10 mil docentes –casi el 27% de los profesores– no cobran un peso por su trabajo”. El Rector Hallú va más lejos y tiene 400 mil razones (convertibles a razón de 1$ = 1 ) para defender hoy esta Universidad “Nac&Pop. Así se entiende el compromiso con la educación, ¿no?
En nuestra querida Sociales, la de los techos que se caen y los profesores que no llegan a fin de mes, el Decano kirchnerista de Carta Abierta Sergio Caletti cobra…¡42 luquitas! Parafraseando al consejero Clavell tenemos que decir que, es cierto, “los hechos dicen que aumentó el presupuesto educativo” en la era kirchnerista, solo que va a parar a unos pocos bolsillos. Estas importantes prebendas sirven para entender, por ejemplo, por qué Caletti y Trinchero -Decano de Filo- luego votan en contra, en sus respectivos Consejos Directivos, de denunciar el espionaje ilegal que la Gendarmería de Nilda Garré hace sobre la Izquierda y las organizaciones combativas como los trabajadores de Kraft, conocido como Proyecto X”.
No hay más que cinismo y negocios en el ataque a la izquierda cuando proviene de la derecha, de radicales de la Franja Morada y Kirchneristas que en cogobiernan la Universidad (No olvidemos: el number one de la casa de estudios -Hallú- es K, mientras su número dos y sancho panza -Mas Vélez- es radical, y el resto un rejunte de gente del PRO y hasta amigos de Pino) para ponerla al servicio de sus intereses.

La conducción de la FUBA se ató las manos, pero si atacan con la derecha, ¡peguemos con la Izquierda!
Acabada la tarea de desenmascarar el cinismo kirchnerista y radical, volvamos sobre la FUBA. Ante esta evidente crisis de las federaciones, desde la Juventud del PTS planteamos que las practicas burocráticas del PO y La Mella son un obstáculo para enfrentar las maniobras de los envalentonados kirchneristas y radicales. Al igual que estas practica burocráticas y de rosca en las alturas, las contradicciones políticas han conducido a la Federación a una parálisis creciente, y hoy casi limite, de las que nuestros enemigos de clase quieren sacar provecho. El vaciamiento que kirchneristas, radicales y binneristas hicieron de la FUR (Federación Universitaria de Rosario, dirigida por el PCR y el FPDS) la semana pasada, muestran que el problema es extendido y el movimiento estudiantil necesita que debatamos cómo salir de esta encrucijada.
Repetimos la pregunta que ya hizo un blog amigo: ¿a alguien le cabe alguna duda de que un Congreso masivo, preparado con asambleas mandatadas por Facultad y paneles abiertos al conjunto de las posiciones del movimiento estudiantil tiene muchísima más legitimidad y que, por lo tanto, es mucho más jodido hacerse los tontos y no ir? Parecería que al Po y a la Mella sí…

Una semana después del Congreso FUBA, la “Marcha Nacional Educativa”, mostraba dos interesantes caras de una moneda: por un lado, una movilización que se acordó entre cuatro paredes, sin deliberación, ni participación estudiantil, en medio de la época de parciales, y a micrófono cerrado, pensada por la conducción como la solución a todos sus problemas. El resultado fue el esperado, una pobretona marcha nacional de 2500 militantes (donde la Juventud del PTS era casi el 20%). Pero aprovechemos y veamos la oportunidad: ¿Si hay casi 3 mil militantes de “la izquierda amplia” en colegios y facultades, no podríamos haber sido fácilmente el triple, 9 mil estudiantes en las calles? Lamentablemente, la actual conducción de la FUBA, con su visión estática e inmóvil, cree que el movimiento estudiantil -con sus límites y potencialidades actuales- es el único posible. Para salir a la calle, uno tiene que sentir que va a defender algo propio y sentido. Hoy, la FUBA no cumple esos requisitos, ni se interesa por hacerlo.

Una FUBA que a 10 años de su recuperación en manos de la Franja Morada, mantiene los mismos estatutos, a los cuales no tienen acceso los miles de estudiantes (¡hace la prueba y pedilos!) que dice representar pero sí lo tienen radicales, kirchneristas y la actual conducción, es un problema. Una FUBA que descansa en cartoncitos y no en estimular un movimiento estudiantil autoorganizado que la defienda, que mantiene a los militantes rentados en bares y fotocopiadoras, es un problema. Una FUBA de la que nadie sabe dónde va el excedente de las fotocopias, mientras hay huelgas obreras que se quiebran por hambre, es un problema. Una FUBA que no dé una disputa sin cuartel desde las ideas, para combatir la ideología de la derecha que recorre las facultades, es un problema. Una FUBA que no interviene de forma militante para quebrar la balanza en favor de los trabajadores y el pueblo cuando salen a luchar, es un problema… si es que realmente nos interesa más tener una organización estudiantil al servicio de los trabajadores y el pueblo que un sellito para uso propio.

El debate está abierto y ante los ataques de los radicales vaciadores de la educación pública y los falsos progres que escriben en Tiempo Argentino, la discusión se vuelve más urgente que nunca. Estamos ante una crisis de la federación, pero también ante una oportunidad de mostrar un movimiento estudiantil independiente en las calles junto a los trabajadores, única fuerza capaz de enfrentar a la burocracia sindical, a las patronales del campo y a los empresarios que –como dijo la presidenta- “la vienen juntando en pala” con pala.
Desde la Juventud del PTS, dejamos tan solo algunas ideas para defender la FUBA:
– Abramos un proceso estatuyente que democratice la Federación y termine con los “argumentos legales” de los que hoy se agarran los K y la Franja. Que quede atrás el estatuto morado, con una FUBA que impulse instancias de autoorganización, como hicimos desde la Juventud del PTS impulsando las interfacultades o interestudiantiles, en 2005 y 2010.
– Terminemos con los rentados, y que se discuta democráticamente el destino de la plata que se obtiene de bares y fotocopiadoras. Nosotros proponemos el sorteo público del 100% de los puestos, conformar una comisión revisora de cuentas donde puedan estar activistas independientes y todas las agrupaciones, con balances públicos, y creemos que un porcentaje no menor al 20% del excedente debe estar destinado a las luchas obreras y otro tanto a la publicación de materiales de difusión, boletines y libros para discutir -desde las ideas de la izquierda- contra la reaccionaria ideología de la Academia.

¿Por qué no arrancamos el debate el Jueves en Filo, conmemorando el cordobazo junto a obreros del sindicalismo de base y los estudiantes que luchan con ellos?…Imagen